Editorial

¡El quad ha muerto! (Aprendamos la lección).

Gonzalo de Martorell
21/11/2018
Ha sido un salón de Milán de transición y del que no se han podido extraer demasiadas conclusiones en materia de off-road excepto una muy clara y rotunda: el quad ha muerto. Da igual si se trata de quads deportivos o de ATV utilitarios.

Están muertos, expirados, difuntos, han dejado de existir, están definitivamente fallecidos, son fiambres, privados de vida, son ex-quads... si se me permite echarle un poco de humor a la triste noticia y homenajear al genial gag del loro muerto de los Monty Python.
Porque la noticia, efectivamente, es triste.
Y no ignoro que habrá quien se alegre de ella. Los quads y los ATV fueron al off-road lo que los sidecars a la velocidad; esa categoría incomprendida que los amantes de las motos despreciaban porque tenían cuatro ruedas y los aficionados a las cuatro ruedas detestaban porque tenían manillar.

Sin embargo yo, desde luego, no me voy a alegrar.
En primer lugar porque, queramos o no, la desaparición del quad como alternativa comercial arrastra con ella puestos de trabajo y oportunidades de negocio en un sector que no anda sobrado.
Y en segundo lugar porque -y eso es lo más paradójico- a los quads no los ha matado su falta de éxito sino, precisamente, lo contrario; un crecimiento incontrolado y no siempre bien gestionado desde la industria.
Los escasos modelos que se mostraban en el EICMA estaban destinados a mercados minoritarios o a vehículos de trabajo y servicios.

Como llorar por los quads ni tiene ya sentido ni, probablemente, arrastrará unanimidades entre los lectores de EnduroPro seamos más prácticos y aprendamos alguna lección de todo ello.
Como he dicho, el quad muere porque -en relativamente poco tiempo- se convierte en una moda.
De repente no hay casa rural, hotelito de montaña o campamento infantil que no tenga su circuitito de quads o su excursión ad-hoc si quiere ser considerado de cierto nivel.
El quad comienza a presentarse como un divertido vehículo de ocio apto para todos los públicos. Un simpático todo-terreno personal que permite todo tipo de diabluras sin peligro.
A la industria se le va de las manos y empieza a vender quads y ATV's encantada de la vida y frotándose las manos ante el inesperado negocio. ¡Se anuncian quads infantiles incluso en catálogos de juguetes!

Y lógicamente pasa lo que tenía que pasar: al quad comienza a llegar gente de todo tipo.
Usuarios que jamás se hubieran subido en una moto de montaña ni, probablemente, estaban capacitados para ello pero que veían en esa falsa seguridad del quad el vehículo ideal para sentirse “piloto”.
Ya había pasado lo mismo poco antes con las motos de agua... y antes con los trikes.
De modo que cuando el campo se llena de indeseables haciendo trompos y los accidentes por el mal uso de los quads comienzan a salir en los medios, la Administración se asusta y hace lo que suele hacer siempre: en vez de poner en el punto de mira al mal usuario, pone al vehículo.
Lo penaliza fiscalmente al máximo, restringe el acceso... y lo mata lentamente por ahogamiento como una boa constrictor.
Muerto el perro-quad se acabó la rabia del dominguero lesionado.

Estamos ante una nueva oportunidad de aprender la lección. Y ya puestos, también los enamorados de los omnipresentes patinetes o las bicicletas eléctricas deberían sacar conclusiones.
Ciertamente la moto de montaña está en una tesitura distinta a la de estas modas urbanas o al referido quad -ahora mismo sus cortapisas vienen más por el lado de la defensa del medio natural que por una cuestión de abuso y exceso- pero tengamos siempre presente el mensaje principal con el que hay que quedarse: los burócratas siempre acaban castigando al vehículo, no a quienes le dan mal uso.

Director de Enduropro

Gonzalo de Martorell

Director de Enduropro

Gonzalo de Martorell

Siempre periodista y siempre motero. Y a ambas cosas me dedico desde hace casi 30 años. También viajo, hago radio, me defiendo con la cámara de fotos, soy un apasionado del RCD Espanyol... y tengo un gato que se llama Palpatine.

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