ISDE 2016: por Rafa Torres. Días 3 y 4

Crónica del tercer y cuarto día de Rafa Torres en los ISDE de Navarra 2016. La aventura de un amateur en una de las pruebas más duras del mundo.

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Redaccion EnduroPro
Rafa Torres
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Nicki Martínez y Jorge Ruiz

fecha11/07/2017


DÍA 3. 270 KMS.

Ha llovido con furia durante toda la noche. Estamos en octubre, estamos en el norte, es lo que toca.

Los chicos del equipo Mercado Actual Toyota estamos acoplados ya en el bungalow de tres habitaciones, a temperaturas distintas: a mí me gusta el calor. A Fermox una temperatura media, y Modesto duerme con la ventana abierta. Cuando voy al baño me tengo que poner el plumas. Ya hemos adquirido rutinas. Compartimos Ibuprofeno, probamos el de los otros. Gente que comparte anti inflamatorios durante una semana en un bungalow de 30 metros cuadrados crea un vínculo, puedes estar seguro. Antes de dormir nos visitan Jorge y Chema Yam, les invitamos a pistachos. Nos enseñan fotos y vídeos y comentamos el día desde ambos puntos de vista. En estas conversaciones siempre se dice que los pilotos top van muy bien:

-Increíble cómo ha pasado Josep García la zanja.

-Brutal Barragán en el salto de las ruedas.

Claro, lo deben hacer bien, si se dedican a esto joder. Bueno, que para llegar hasta aquí nosotros casi también nos hemos dedicado…

Me he pasado un año llevando el cuerpo hasta el límite para adaptarlo a los 6 días: he corrido un maratón en 3:27, con todo lo que implica, antes y durante. Medios maratones en 1:35. Varios diez miles por debajo de 45 minutos.  En Semana Santa corrí 7 días seguidos 16 kilómetros por el monte, mejorando la marca cada día, por el mismo recorrido para poder compáralo con exactitud y estar seguro de no decaer. En la bici sufrí la Perico Delgado, casi 7 horas a más de 30 grados subiendo puertos, también con todo lo que implica antes y durante. Con la mountain bike en verano me hacía sesiones de 80 kilómetros con una sola parada, yo solo claro, porque no encontré a ningún tarado que quisiera hacer esto, dejando siempre intervalos para beber de más de 40 minutos que es lo que me pasaría aquí.  En los últimos meses he salido a correr por la casa de campo 18 kilómetros un par de veces a la semana, y la casa de campo tiene muchas cuestas. Cuando íbamos a hacer motocross estaba dando vueltas como un tonto, sin parar, en sesiones de 2 horas, hasta que me zumbaba tanto la cabeza que paraba para no caerme en un salto. Si hacíamos enduro, mientras los demás socializaban y charlaban un rato en la cima de las trialeras yo seguía subiendo y bajando hasta quedar extenuado. “Mira que estamos locos los de las motos, pero nadie como el Torres…” comentaban.

Mi padre me preguntaba con sorna: “Pero bueno, ¿cómo es que te gustan tanto las motos?”  Y yo pensaba: si ya no sé si me gustan, si yo creo que me dan asco…, pero no lo decía porque si lo dices ya además de loco pareces tonto.

Así que mi forma física en cuanto a resistencia es de largo la mejor de mi vida. Es estratosférica. Quizá no sea muy rápido, pero puedo estar dándole al mango 10 horas, a full gas. Bueno, a mi full gas.

Y ha llegado el día en que todo eso se va a poner en valor, porque con la lluvia los ISDE se van a convertir en una prueba más dura que la academia militar de la Chaqueta Metálica.

Hoy tenemos recorrido nuevo. Lo anunciaban como más técnico y con mucha piedra.

Que te digan que esto ahora va a empezar a ser más técnico, y encima con la que está cayendo asusta.

Desde el principio nos meten en sendas rotas y subidas de piedras resbaladizas. Ya llevamos el chip de ir a fondo siempre; cada vez que la moto se pone recta hay que dar gas a fondo, hasta que la caña del gas toca el tope, literal. En segunda, en tercera, en sexta en las pistas y carreteras. Si no, no llegas.

He desarrollado una técnica muy depurada para ingerir líquidos y alimentos en las asistencias optimizando el tiempo: llego, pongo la moto en el caballete y le quito el tapón de la gasolina. La gasolina nos la pueden echar, porque en teoría no tocan la moto, pero no nos pueden quitar ni poner el tapón. Cojo una lata de Aquarius y me la bebo absorbiéndola; es decir, no me la bebo dejando caer el líquido, que tardaría más o menos unos 8 segundos, sino que dejo entrar un poco de aire y la succiono, con lo cual soy capaz de tragármela en menos de 6. Quizá algún día pueda ir a un concurso de esto e impresionar al personal. Después cojo un puñado de frutos secos y me los echo a la boca, con los guantes puestos. A veces saben a tierra, a aceite, incluso a gasolina, pero es igual. Mientras los mastico, le pongo grasa a la cadena agachado, y cuando me enderezo me los trago.

Cojo otro Aquarius y repito la operación. Después un trozo de plátano. Aquí procuro no mancharlo mucho con los guantes, pero sin obsesionarme, si se mancha no pasa nada. Mientras mastico el plátano repaso con los dedos los radios, por si se han aflojado, la palanca de cambio, los tornillos de las tijas, miro la moto en detalle para comprobar que todo está en su sitio. Trago el plátano, me bebo una botella de agua de 33 centilitros como el Aquarius, succionando; soy más lento bebiendo de la botella que de la lata, no sé por qué, pero es seguro, casi tres segundos.

Me monto en la moto y me voy.

Todo eso soy capaz de hacerlo en 3 minutos.

Si me sobra algo más de tiempo me alejo un poco y descargo líquidos. Si no, me aguanto, que lo primero es lo primero.

Bastante gente se mea en la moto: cuando va de pie simplemente se orina. Como vamos empapados no se nota. Yo me lo he planteado alguna vez, pero no he llegado a hacerlo. Y sé que lo hacen porque me lo han dicho, y esta no es una de esa clase de mentiras que se dicen para que los demás mejoren su percepción de ti, ya me entiendes.

Han puesto un control horario que funciona de esta manera: CH, Enduro Test, Rally, Cross Test, Rally, CH.

Llegas a la asistencia, haces el control horario y te metes en el enduro test de Zúñiga. ¿Os acordáis que os decía que el de Berbinzana era el más largo que conocía hasta el momento? Pues este es más largo todavía. Esperando mi entrada observo que los que salen están haciendo entre 15 y 18 minutos. Eso significa que hay sitios en los que se puede atascar, y que se va a hacer eterno.

Me reconforta mucho ver a amigos en la salida, que gritan mi nombre. Agradezco un montón en esos momentos ver a gente conocida: Changuy, Samuel Parra y Mario, Mariano y Laura García, Hoyos, Quarter, Alfredo Motolín y su hermano Pablo… y dentro de la especial, transmitiendo energía a tope Manuel Laita, que está de voluntario.

Jamás pensé que en enduro se pudiesen  hacer cronos tan largas. Más larga que una manga de motocross. Cada vez que entre a esta crono, y lo haré 4 veces más después de la primera, creeré que antes no era tan larga y que le han añadido trozos. Siempre pensaré: después de esa calleja ya se acaba, y sale al prado, y será mentira. Un enduro test en toda regla, para salir de allí agonizando a 180 pulsaciones.

Y es lo que me ocurre en la primera pasada: que lo doy todo desde el primer al último metro.

Después del enduro test de Zúñiga entras al rally hasta el cross test, hay subidas de piedras donde la gente atasca. Voy confiado.

El cross test está en Gastiain, en un sembrado en una ladera. Se hace relativamente rápido.

A partir de aquí hay una senda oscura, revirada, resbaladiza, cerrada, bacheada, de más de 40 minutos. Te aseguro que no has visto una senda así de larga en tu vida. ¿De dónde coño la han sacado?

Aunque creo que llevo buen ritmo, llego con 6 minutos de penalización.

Es un bajón y una putada, aunque gestionable.

El problema es que sigue lloviendo. A mares.

Y la segunda vuelta se complica mucho más.

Calculo el tiempo que pierdo en las especiales: 3 minutos más en el tramo largo. En el cross test las motos no suben las cuestas y tienen que bajar a coger inercia. Lo que antes se hacía a fondo ahora es una trampa de arcilla. Yo navego hábil empujando con los pies (os dije que a veces tengo que empujar…) y no atasco. Lo hago despacio, pero no atasco. Ahí pierdo otros 3 minutos con respecto a la primera pasada.

Me preocupo. Si hay complicaciones, si alguna subida está impracticable, si tengo una caída fuerte, si rompo algo, aunque sea una maneta, puedo estar fuera.

No hemos llegado hasta aquí para esto, ¿verdad? O ¿sí?

En la senda me centro todo lo que puedo y apuro cada palmo.

Me siento más fuerte que por la mañana. Estoy yendo de menos a más como los endureros de verdad.

Me duelen ya las cervicales de llevar el cuello estirado como un pollo, doblado sobre el manillar, de pie pero muy doblado para no darme con los árboles, y en tensión extrema.

Recibo un latigazo eléctrico en el brazo derecho de una rama que ya está muy pelada. Mucha gente se ha dado antes y yo me daré en todas las pasadas. Una semana después aún se verá muy claro el cardenal.

La intensidad es máxima.

No estoy preparado para que me echen. Aún no.

Penalizo otros 9 minutos, que más 6 son 15. Solo tengo 15 más para perder en el día, aunque ya no perderé ninguno. El último control es asequible.

Al meter la moto en el parque cerrado se me acerca un chico que se llama Dani Martín, pero que no es el del Canto del Loco, y me dice:

-¿Me puedes firmar el casco? Puedes poner lo que quieras.

Me da un casco negro, que ya lleva dos firmas, y un rotulador blanco.

-¿Pero tú sabes quién soy?

Creo que me ha visto ahí estilizado y se piensa que soy un top, cuando en realidad soy un humilde arrastrapiés. Pero atención a lo que me contesta:

-Claro que lo sé. Eres Rafa Torres. Eres el que más ganas tengo de que termine los ISDE…

Joder, el puto Rafa Torres.

Le firmo el casco y le escribo hasta una frase. Me dice que ya tiene la firma de Laia Sanz y de Iván Cervantes. Y ahora también la de Rafa Torres.

Estoy tan ilusionado que le confieso que es el primer casco que firmo, y que si le importa que nos hagamos una foto. Después contará que fui muy simpático. Lo de la simpatía y el pilotaje es que me salen solos.

En el restaurante del circuito me encuentro a Pau Soler, que es quien ha organizado todo esto, que qué coño tiene que pasar para que pongan los tiempos B de lluvia, que cuánto tiene que llover.

-Los primeros llegan con 10 minutos a los controles. Y es su carrera, no la tuya.

-¡Pero si los profesionales son 100 y el resto somos 400! ¿De quién es la carrera?

-Estás en un mundial. Asúmelo.

Muy bien. Pongo cara de mundial. Y asumo la realidad.

Un día más. Un día menos.

 

DÍA 4. 270 Km

Las noches en los ISDE son peculiares. Después de acabar cada día ceno más o menos esto: una ensalada, un plato de pasta, unos filetes de ternera con patatas, unas salchichas con patatas, unos muslos de pollo, un poco de sopa, fruta, un yogur, algo de dulce, 6 Aquarius y un litro y medio agua.

No exagero. Es la verdad. Mis hijos están impresionados. Les mando una foto antes y otra después, con los platos vacíos. Yo también estoy impresionado; me resulta fácil. Tengo hambre, punto.

Aun así cada día me tengo que reajustar la riñonera porque estoy adelgazando; me adelgaza hasta la cabeza tú.

Luego me duermo a eso de las 11 y me despierto a las 3. A veces tengo espasmos y pego un respingo pensando que voy en la moto y me voy a caer. Un frenazo, una rodera, un escalón, sobre todo al principio de dormirme. Estoy en un estado de alerta enfermizo, vampírico. Los dedos se me duermen constantemente, en cuanto doblo los brazos, por la inflamación que tengo provocada por ir haciendo toda la fuerza que puedo con las manos durante tanto tiempo.

Como digo, a las 3 me despierto y cojo el móvil. Las redes sociales están hirviendo. El seguimiento que tenemos es masivo. Mi primo Felipe dice que mi Facebook parece el de un famoso. Cada vez que cuelgo una foto tengo cientos de “me gusta”…  y 60, 70, 80 comentarios. Los contesto todos y pienso en cada persona que ha hecho like, una por una.

Este es el único contacto que tenemos con el exterior. No sabemos qué pasa con el gobierno, si va a ganar Trump o Clinton, si en todos lados llueve como aquí. Nos levantamos, nos vamos al circuito. Nos montamos en la moto 7 horas frenéticas, sin tregua. Cenamos, cenamos bien, todo lo que el cuerpo es capaz de digerir, nos vamos al bungalow, nos damos cremas en las contusiones, nos tomamos un par de antiinflamatorios, y caemos agotados.

A las pocas horas, todos los pilotos están despiertos.

Acojonante.

Los que tienen la asistencia conmigo ya me resultan muy familiares. Y nadie como ellos entiende lo que estamos disfrutando y padeciendo al mismo tiempo. Olave meticuloso, los hermanos Elorza ilusionados y viviendo la experiencia profundamente, Mochales concentrado, Jorge de Blas que se enfada y se alegra todos los días varias veces, Javi Pérez con sus tubliss y su buen humor, Emilio que ha venido aquí de despedida de soltero, Josep María Ramón con 52 años y emocionado como cuando empezó, los chicos de Rodi finos y seguros… No olvidaré a los compañeros de asistencia, ni a los mecánicos de Muriel, y en algún caso surgirán amistades para siempre.

Hemos hecho esto juntos al fin y al cabo.

Como digo, estamos la mayoría despiertos a esas horas e intercambiamos mensajes. Incluso con Fermotos que lo tengo a 4 metros de distancia real. Ha pasado un mal día. Se ha puesto todo muy perro. Pero de una cosa estoy seguro: Fermotos jamás se rinde. Jamás.

Así que como veis las noches también existen en los ISDE, y cumplen su función. A eso de las 4 o 4 y media me vuelvo a dormir hasta las 7:30. Y empieza otra vez la rutina.

Estoy pasando miedo. Me acompaña constantemente. Miedo a no acabar.

Un mal segundo y todo se irá por la borda.

3 israelíes que estaban en nuestra carpa quedaron fuera el primer día: 2 en el hospital y el tercero perdió todos los radios de la rueda trasera en el primer control.

Otro chico que se llama Rafa se dislocó el pulgar. Lo intentó durante una vuelta, pero no pudo seguir.

Gente que penaliza más de 30 minutos.

Motores rotos.

Dolores.

Enfermedades.

Yo qué sé.

La realidad es que hay más huecos en el parque cerrado de motos que ya no están. La lluvia ha hecho una escabechina.

Cada día me encuentro mejor, más fuerte, más pleno, pero el miedo al fracaso es más intenso. El miedo al fracaso que me ha acompañado toda la vida aquí se ha multiplicado exponencialmente, como todas las sensaciones.

Hoy repetimos recorrido con respecto a ayer, más bacheado, y más seco. Por fortuna ha dejado de llover.

Este será el día que más disfrute. Penalizaré 6 minutos en la primera vuelta, pero lograré hacer la segunda a cero.

Por fin podré con las dos cronos más la senda, todo en el mismo control horario.

Cuando llego a la carpa de los comisarios de ese control me paro, y al cumplirse mi minuto entro y les digo:

-¿Sabéis por qué estaba ahí parado?¡¡PORQUE ME HA SOBRADO TIEMPO!!

Se ríen algunos, otros no, porque esto es trascendente. Yo me río. Y doy un par de acelerones, con cuidado, que aquí te echan por todo…

Estoy tocando un sueño con la punta de los dedos ... cuarto día de los ISDE.

Intensidad vital profunda que sólo el enduro nos da.

El enduro vive. El enduro es vida.

Y además ha salido el sol.

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