PILLADOS por el HELICÓPTERO de la GUARDIA CIVIL

¿Es proporcional los recursos que se gastan para perseguir a los endureros?

Muchas veces vemos noticias de endureros perseguidos por helicópteros, vehículos, multitud de personal y, ahora también, drones. ¿Es lógico usar esta cantidad de recursos para perseguirnos?

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Autor:
EnduroPro
Foto:
RFME
Publicado el 22/03/2024
PILLADOS por el HELICÓPTERO de la GUARDIA CIVIL

En un mundo que tiende cada vez más a lo eléctrico y a no permitir el uso de la naturaleza, prohibiendo sin regular simplemente por ideología, la moto de campo se ha convertido con los años en un objetivo que pueden aprovechar las administraciones para derrochar recursos supuestamente en pro de un mundo más ecológico. De este modo, tienen la excusa para emplear una cantidad ingente de presupuesto en perseguir este deporte, tiempo y dinero que podría emplearse en resolver multitud de problemas de delincuencia en las ciudades, por ejemplo, algo mucho más útil y necesario para los ciudadanos y que además ha aumentado en los últimos años.

El único impacto que realmente produce la moto de campo en el medio natural es la erosión del terreno, ya que a nivel sonoro y de emisiones son cifras controladas y aprobadas por el gobierno en las ITVs pagando sus impuestos correspondientes.

Además, cuando pasa un endurero por una zona determinada apenas son unos segundos, siendo en tiempo un impacto muy reducido. Respecto a los residuos generados son prácticamente nulos, más ahora con las motos de inyección que no evacúan líquidos en caso de caída.

¿Es proporcional los recursos que se gastan para perseguir a los endureros?

Una moto de campo con un escape homologado que transita por sendas ya hechas, circulando con respeto y civismo, tiene un impacto muy reducido, similar al del resto de usuarios del medio natural.

El colectivo de cazadores o escaladores tienen también un impacto cuando usan el medio natural dejando “marcas” y haciendo ruidos, moviéndose por caminos en coche hasta el sitio concreto donde realizan la actividad, pero tienen su deporte regulado, con zonas habilitadas y épocas en las que poder realizarlo, permitiendo así su actividad con el menor impacto posible.

Pero el enduro está prohibido, sin regulación de ningún tipo, quedando fuera de la ley, ya que las administraciones ni si siquiera escuchan, siendo imposible avanzar hacia alguna regulación, que es lo que se lleva pidiendo décadas por parte de los usuarios de moto de campo y en los últimos años desde Moto de Campo Sostenible.

Por desgracia el colectivo del enduro no genera votos, y sí los genera todo aquello que se aproxime a lo ecológico, aunque en el fondo sea más problemático para el medio ambiente, como es el caso de los coches eléctricos y su producción e implantación en tan poco tiempo, o de la eliminación de las centrales nucleares cuando todavía no se genera energía suficiente de manera alternativa para suplirlas, o la prohibición de la caza en determinadas zonas para luego contratar a empresas para que “eliminen” superpoblación de animales. Los ejemplos son muchos, y la moto de campo es una diana perfecta para este tipo de filosofía política.

En los últimos tiempos esta diana se está ampliando a otros colectivos, como la bicicleta de montaña o las carreras de trail running, siendo cada vez más amplio el espectro de lo no correcto para el medio ambiente, aun siendo muchas las posibilidades de un uso sostenible y regulado.

Recursos desproporcionados y dañinos para el medio ambiente

Todo lo anterior hace que se gaste una cantidad ingente de recursos desproporcionados respecto al impacto medioambiental real que provoca la práctica del off road. Recientemente han aparecido imágenes de varias persecuciones que reflejan este despropósito.

En un vídeo donde un helicóptero persigue a un grupo de endureros, el gasto de combustible del helicóptero, el ruido para la fauna, la erosión al posarse sobre el suelo… además del gasto de miles de euros que esto supone, solo ha hecho más que agravar el impacto negativo al medio natural, siendo en muchos casos más contaminante los medios usados que la propia actividad.

Y ni que decir tiene la cantidad de árboles que se podrían repoblar o la “basuraleza” que se podría recoger con los miles de euros gastados en una mañana de persecución en helicóptero. Además de poder estar persiguiendo delitos graves de verdad, claro.

En los medios de comunicación además es muy vistoso el perseguir a un colectivo al que se le coloca como punta de lanza del antiecologismo. ¿Por qué no vemos en la televisión un despliegue igual para las personas que arrojan escombros y basuras en vertederos ilegales? Porque no se hace y porque no interesa. Bastaría con quedarse esperando en uno de estos puntos contaminados y esperar a que vayan a tirar basura en la naturaleza, pero eso no vende.

Un colchón, un frigorífico, o muchos de los residuos que nos encontramos por el campo, permanecen allí años, deteriorándose y diluyéndose en la naturaleza, produciendo una contaminación exagerada en comparación con la moto de campo.

Las administraciones han colocado a los endureros en un nivel de delincuencia equiparable a delitos muy graves, tanto por los recursos destinados como por las penas establecidas. Robar por la calle, si se trata de un hurto son 400€, y las multas por montar en el campo pueden llegar a los 30.000€ según dicen en un reciente vídeo de TV3, siendo este importe practicante imposible de alcanzar en una multa haciendo enduro, ya que depende muchos factores. Pero, en cualquier caso, los usuarios de la moto de campo no pueden estar a ese nivel.

Cuando Toni Bou o Josep García ganan títulos de Campeones del Mundo son muchos los políticos que se hacen eco, felicitando los logros y haciendo alarde los pilotos de su tierra, pero luego no se mueven por regular nuestro deporte.

Hay que regular la moto de campo

La clave es la regulación, ya que un uso sostenible, cívico y respetuoso del medio natural, en el que todos los usuarios compartan naturaleza de manera ordenada, cuidando todos los detalles y estableciendo una normativa conjunta, tiene más beneficios que el impacto negativo que pueda generar. Porque, además, el turismo de la moto de campo tiene un potencial enorme, siendo un público de poder adquisitivo alto que busca buena gastronomía sin excesos nocturnos, ideal para cualquier entorno rural de la España vaciada.

Vivimos en una sociedad que tiende hacia lo ideológicamente “correcto” sin prestar atención a la lógica. Regular la moto de campo traería beneficios reales para el medio natural y para todos sus usuarios, repoblando y recuperando zonas, evitando lugares protegidos, ayudando a senderistas y ciclistas si lo necesitan, recuperando sendas y caminos que puedan usar todos, tanto para ocio como para frenar incendios… además de proteger y recuperar espacios y generar puestos de trabajo.

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