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Mi primera carrera de Enduro

Entradilla: Viajamos a Gondomar, Portugal, para el estreno en carrera de Enduro de nuestro jefe de pruebas en la Copa TT 4 Estaciones. Un experimentado crossero que da el salto a una de las competiciones más auténticas del panorama endurero, ¿qué tal se le dará?

Autor:
Chema Calleja
Foto:
Copa TT 4 Estaciones
Publicado el 21/11/2019
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La Copa TT 4 Estaciones es el Campeonato de Enduro Amateur con más solera y éxito de España. La organización está llevada a cabo por el Motoclub Rozas Racing de Madrid, que dispone de más de 20 años de experiencia realizando carreras de éxito. Al frente del club se encuentra Mauro Sainz, gran amante y practicante de enduro que junto a su equipo de trabajo organizan algunas de las mejores carreras a las que se puede asistir.

La fiesta del Enduro

La Copa consiste en 4 carreras por temporada, una por cada estación, cómo su nombre indica. Tienen un formato de Todo Terreno, una mezcla entre cross country y Enduro, es decir, en un recorrido de unos 50kms de Enduro, se sale cada 5 minutos en grupos de 20 pilotos, como un cross country, y ordenados por la clasificación obtenida en una crono extrema que se realiza el día anterior.

La prueba elegida, fue la correspondiente a la estación de otoño, que por primera vez se realizaba fuera de la península. El lugar para su desarrollo fue Gondomar, en las afueras de Oporto, escenario de las míticas Lagares Extreme o Valongo Extreme. La prueba estaba realizada en colaboración con el Motoclub Lagares, y durante el fin de semana se realizó una prueba del Nacional Portugués de Enduro Extremo, compartiendo parte del recorrido con la Copa.

Hablando del recorrido, el sábado había una vuelta de reconocimiento previa al paso por la extrema que determinaría en orden de salida del domingo. El recorrido de unos 50km estaba seco y polvoriento; pese a que amaneció con una suave llovizna, nunca llegó a empaparse del todo. Aun así lo agradecimos porque el club había preparado un track bastante más exigente de lo que yo me esperaba. Y aquí tenemos que recapitular un poco, ¿por qué me veo inscrito en una carrera de enduro si soy un crossero de toda la vida que con casi 40 años nunca me he animado a correr?

El Tronchamata Team

Todo empezó hace unos dos años. En mi pueblo, siempre ha habido afición al motocross, pero poca al enduro pese a haber sido sede de varios Nacionales de la especialidad. Teníamos sendas, trialeras y pistas, donde se habían realizado grandes carreras pero nadie del pueblo las usaba. Con el auge del MTB, estas sendas volvieron a tener uso y un grupo de amigos que habían sido crosseros hace años, decidieron comprar motos de enduro y así nació el “Tronchamata Team”, que es como llamamos a nuestro grupo de Whatsapp.

Comenzamos a salir habitualmente, las primeras veces aprovechaba para probar motos de prensa, hasta que definitivamente me compre mi primera moto de Enduro, una GasGas EC300 2019. El veneno por el enduro me fue entrando dentro, hasta que un par de amigos de salidas, que eran colaboradores en la Copa, me animaron a correr. No estaba muy convencido, ni por mi fondo físico ni por mi técnica en las trialeras, pero finalmente acepté el reto.

Ellos me convencieron de que eran carreras muy fáciles, para aficionados sin ningún paso complicado y siempre con alternativas, así que mi miedo a las caídas -que es mucho, después de años rompiéndome los huesos en el circuito y uno de aprendizaje dándomelas de todos los colores en las trialeras- no fue muy grande y me animé a correr.

Recorrido Machacón

De esas mismas palabras me acordé nada más llegar a la primera subida complicada del recorrido en la vuelta de reconocimiento. Yo buscaba la alternativa por todos lados, pero parecía que no la había. Una subida de piedras sueltas nada más cruzar un arroyo, en la que había que hacer un giro a la mitad, y ¡ni si quiera habíamos calentado! Sin duda no era un recorrido fácil pero estaba justo en el límite de lo divertido.

Tenía de todo, zonas de camino, pasos de ríos, puentes de madera, cortafuegos, sendas de piedra suelta, pero también mucha vereda de losas de piedra muy resbaladizas y características de la zona. Hasta un paso por debajo de un gran emparrado durante casi 1km, que era algo que nunca había visto. Los racimos de uvas colgaban de las ramas de encima de la senda, una verdadera preciosidad.

Y es que la zona es una de las mejores del mundo para hacer enduro, con grandes valles, bosques de eucaliptos y piedras de todas las clases. Los cortafuegos son otro de los grandes atractivos, siendo unas subidas casi imposibles y los hay por todos lados. Las sendas aparecen de todas partes y en todas direcciones, con lo que da la sensación que podríamos estar meses montando sin pasar por el mismo sitio. Sin duda un paraíso para el enduro que hizo las delicias de los más de 140 inscritos que acudieron a la carrera.

Super Enduro

Tras terminar la vuelta de reconocimiento nos tocaba hacer la crono para el orden de salida del día siguiente. Para este evento, al ser compartido con la Copa Portuguesa de Enduro Extremo, que se corría el mismo día por la noche, se usó también una crono compartida. Y, ¡que sorpresa!, lo que mis amigos decían que era fácil, era una crono de Super Enduro unida a unas subidas enormes tipo Romaniacs. No he de deciros que nunca he hecho Super Enduro más del que me he encontrado en alguna sesión de fotos, los troncos y los neumáticos me dan bastante miedo, y los que allí había eran de los más grandes que he visto en mi vida. Para más inri, nada más terminar la vuelta y al entrar a la crono se pone a diluviar, con lo que decido salir rápido a la crono -casi sin descansar- para no pillar todo mojado.

Hacía tiempo que no estaba tan nervioso. Tomé la salida y todo parecía ir bien, las primeras curvas con suavidad pero buen ritmo. Llegué a los primeros neumáticos, me armé de valor y los subí mucho más fácil de lo que parecía. Así igual con la segunda fila, la tercera, y poco a poco me fui animando. Pasé una zona de saltos, que me dio confianza, y la zona de losas de piedra bien también, pero cuando parecía que solo me quedaba un tronco para salir del Super Enduro, la rueda delantera me resbaló, no la levanté bien, y la moto salió hacia un lado, cayéndome por detrás de un peralte. Si ya había entrado cansado, la caída me dejó fundido. Al levantar y arrancar la moto no podía con mi alma, por ello, me limité a terminar como pude. Casi arrastrándome, finalmente terminé en una retrasada posición 97. El piloto más rápido fue nuestro antiguo colaborador Alejandro Bolado, que ha retornado a la competición tras unos años alejado de las motos, y no ha perdido ni un ápice de su calidad.

 

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Al terminar la crono dejamos la moto en la carpa de Namura Bikes, uno de los principales patrocinadores de la Copa. Montan una gran estructura, ofrecen servicio de asistencia a más de 20 pilotos, y disponen de cambio de neumáticos y revisión de motos para todo el que lo necesite. Además en esta competición los pilotos no tienen que cambiarse las ruedas ellos mismos obligatoriamente como en el enduro tradicional, lo que para mí fue un alivio. Poder dejar la moto a revisar y poner rueda nueva, en el mismo paddock de la carrera y a un buen precio fue todo un lujo.

Día pasado por agua

A la mañana siguiente era el gran día. Tres vueltas al recorrido iban a ser muy duras de completar, sobre todo porque se había pasado toda la noche lloviendo sin parar. Tomamos la salida pronto, tras una mala noche por una cena pesada. Si os ofrecen una “francesinha” en Portugal no la rechacéis, pero no os la toméis antes de ir a la cama. Es un sandwich de embutido y carne bañado en queso fundido y salsa de carne, exquisito, pero súper pesado, y rápido me di cuenta que no es la mejor cena…

Tomé la salida con mucha tranquilidad. Se salía desde la parrilla de salida del Super Enduro, de 20 en 20 pilotos, y no quería repetir el error del día anterior, y tras mi mala clasificación del día antes poco podía recuperar. Y así fue, nada más meternos al bosque comenzaron los primeros tapones. La primera subida que ya me pareció complicada en seco, por lo que se me hizo muy difícil en mojado, teniendo que empujar para llegar arriba. Ya iba cansado, pero los constantes tapones me hacían poder coger aire antes de las zonas complicadas, lo que era de agradecer.

Fue pasando el recorrido y fuimos adelantando a algunos pilotos, pero se hacía complicado por lo estrecho de las sendas. Pronto llegamos a uno de los puntos más complicados, un cortafuegos de un kilómetro aproximadamente muy empinado y de una roca afilada en lascas y mojada, que hacía muy complicado llegar a la parte final. Cuando llegué, habrían unos 20 pilotos atascados, algunos pasando por encima de otros, otros cayendo, en un caos bastante grande que hubiera dado grandes momentos para la página SorryBro de nuestro amigo Mario Román.

Al ver el panorama, decidí rodear por las pistas alternativas que iban por el bosque, y llegué arriba  sin perder casi tiempo. Me sentí mal por no haber intentado subir, ya que el día antes lo hice a la primera, pero no me quería arriesgar a chocar con alguien o romper la moto. Está claro que aún no estoy acostumbrado a los tapones y no tengo la confianza para subir por sitios complicados con un tío en medio de la senda, como hace la mayoría de la gente.

Continuamos por las zonas de los viñedos y las pistas de losas de piedra, que estaban realmente resbaladizas, hasta llegar a otro de los tapones. Era el más grande del día con cerca de 40 pilotos esperando para pasar por un escalón de piedra mojado que estaba como el jabón. Desde donde estábamos ni se veía la piedra, por lo que descansamos un poco y nos decidimos a buscar una alternativa por los cortafuegos. Subimos varios de ellos, muy empinados y que gracias a la lluvia tenían un grip increíble, pero no había otra posibilidad de llegar arriba. Era un valle, con un desfiladero de rocas que lo cortaba en perpendicular y el único paso era el del recorrido.

Volvimos abajo y hartos de esperar, con dos buenos amigos que encontré, nos decidimos a ayudar a las motos que estaban atascadas. Así poco a poco fuimos sacando motos, en el justo momento que llegaron los pilotos de cabeza. Esto nos retrasó aún más ya que hicimos hueco para que fueran pasando. Así estuvimos cerca de media hora en la piedra, sacando motos hasta que se despejó y pudimos pasar.

Ahora ya sólo nos quedaba disfrutar del recorrido, ya que íbamos los últimos. Poco a poco fuimos pasando pilotos, sorteando todos los pasos complicados bien y sin atascos, pudimos disfrutar mucho de la zona y las trialeras de Gondomar. La llegada a la salida era una bajada desde lo más alto de las montañas hasta el valle, por cortafuegos y sendas de matorral. Más de 10km en bajada, yendo de pie junto con el esfuerzo de sacar tantas motos me pasaron factura. Los calambres en los muslos comenzaron a aparecer y fueron algo muy molesto. Aunque al llegar a meta ya habían pasado decidí parar, ya que aún me quedaba otra dura etapa, 600kms al volante hasta Madrid, para estar el lunes en el trabajo. Resultado final posición 97 de 112, en la próxima habrá que mejorar.

Un crossero en apuros pero feliz

Sin duda fue una de las mejores experiencias que he vivido en moto. El compañerismo que hay en estas carreras es muy grande, se deja la rivalidad aparte y se crea una gran familia en la que todos se ayudan y hay muchas risas y buen rollo. La organización de la carrera es de primera calidad, con un recorrido bien señalizado y muy divertido, pero con sus zonas complicadas que te hacen sudar la gota gorda.

Además, el nivel de pilotos es cada vez es más alto, con la participación este año de Mario Román, Nachette Fernández o Sara García, y un paddock cada vez más profesional, pero siempre manteniendo su espíritu festivo y fraternal, hacen que la Copa TT sea una de las mejores opciones para iniciarse en las carreras de enduro. Ahora ya estamos deseando que llegue la última prueba de invierno y mejorar el resultado ¡ganando a los Tronchamatas!

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Texto:

Chema Calleja

Fotos:

Copa TT 4 Estaciones

Publicado el 21/11/2019

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