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Vídeo: El lado oscuro de Valentino Rossi

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Admirado por todos, despreciado por algunos, Valentino Rossi tiene su lado oscuro... Vamos a analizarlo en este vídeo.

Valentino Rossi, "The Doctor", es indiscutiblemente el piloto más carismático e influyente de la historia del motociclismo. Su leyenda se ha cimentado sobre victorias épicas, celebraciones icónicas y un color amarillo que inundó las gradas de todo el mundo.

Sin embargo, detrás de esa fachada de simpatía inagotable, se escondía uno de los competidores más feroces y calculadores que han pisado un circuito, un manipulador de la psicología y, si es necesario, un depredador implacable.

Rossi llega a la "categoría reina"

El ascenso de Rossi en la categoría de 500 estuvo marcado por su rivalidad con Max Biaggi. Valentino entendió muy temprano que para reinar necesitaba un antagonista. No se limitó a competir contra Biaggi; buscó polarizar a la afición y desestabilizar emocionalmente a su rival.

El Gran Premio de Suzuka en 2001 fue el punto de no retorno. Tras un incidente donde Biaggi le sacó el codo en plena recta, Rossi respondió con un adelantamiento por fuera y una peineta en plena curva, soltando el manillar a máxima velocidad. Aquel gesto no fue un simple arrebato; fue una declaración de superioridad absoluta.

Luego llegó el altercado físico en las escaleras del podio de Montmeló. Pero para entonces, Rossi ya había ganado la batalla mediática: Biaggi estaba desquiciado, y Valentino era intocable.

Llegada a Yamaha: hay que dejar a Honda sin cerebro

Uno de los movimientos más fríos y brillantes de Rossi no ocurrió en una pista, sino en un despacho. En la transición de 2003 a 2004, cuando decidió abandonar Honda para fichar por Yamaha, Rossi ejecutó una operación quirúrgica de ingeniería humana. Sabía que Honda tenía la mejor moto, la RC211V, y para vencerla necesitaba dejarla "sin cerebro".

No se fue solo. Exigió que todo su núcleo de confianza -Jeremy Burgess, Alex Briggs, Bernard Ansiau y el resto de sus mecánicos- abandonara HRC con él. De un plumazo, dejó a la fábrica más poderosa del mundo sumida en una crisis técnica que tardó años en resolver.

Con Yamaha a sus pies, el siguiente objetivo fue Sete Gibernau. En 2004, tras una sanción en Qatar que Rossi atribuyó a una denuncia del equipo de Sete, la rivalidad se volvió personal y destructiva. Se cuenta que Valentino sentenció en el paddock que Sete no volvería a ganar nunca más.

Aquella determinación se materializó en Jerez 2005, en la famosa última curva. Rossi lanzó un ataque agresivo, chocando carenado contra carenado y sacando al español de la trazada. Fue una maniobra al límite del reglamento que no solo le dio la victoria, sino que minó definitivamente la confianza de un Gibernau que, efectivamente, nunca volvió a ser el mismo.

Michelin a las órdenes de Rossi

El poder de Rossi iba mucho más allá del propio circuito, alcanzaba a los proveedores. En la era previa al neumático monomarca, su influencia sobre Michelin era colosal. Se hablaba de los "Special Saturday Night": neumáticos diseñados específicamente tras los cronometrados del sábado, fabricados en Francia y enviados en jet privado para que Rossi los tuviera el domingo por la mañana.

Cuando el equilibrio de poder cambió y Bridgestone se mostró superior con Stoner, Rossi lanzó un órdago a Yamaha y a Dorna: "O me dais Bridgestone, o me planteo mi futuro". Su peso en el negocio era tal que se rompieron contratos y normas no escritas para satisfacer sus demandas.

Jorge Lorenzo, hay que marcar el territorio

En 2008, el enemigo entró en su propia casa con el fichaje de Jorge Lorenzo. La respuesta de Rossi fue puramente territorial: levantó un muro físico en el box de Yamaha. Aunque se escudó en la confidencialidad de los neumáticos, la realidad era que Rossi quería aislar al joven talento mallorquín… que acabó ganándole en 201, pese al muro.

En su etapa en Ducati (2011-2012) mostró otra faceta de su lado oscuro: la gestión del fracaso. Cuando los resultados con la Desmosedici no llegaron, Rossi no dudó en señalar públicamente las carencias del proyecto técnico liderado por Filippo Preziosi.

La presión mediática fue tan asfixiante que Audi, tras comprar la marca, acabó apartando a Preziosi, el padre de la moto. Rossi protegió su estatus de piloto infalible, dejando la reputación de la ingeniería italiana en entredicho para salvaguardar la suya propia.

Márquez, la amenaza

El capítulo más oscuro y polémico llegó en 2015. Al verse amenazado por la velocidad de Marc Márquez, Rossi intentó usar su vieja táctica de guerra psicológica en la rueda de prensa de Sepang, acusando al español de favorecer a Lorenzo. Pero esta vez, el rival era de su misma estirpe.

La tensión desembocó en la famosa curva 14 de Sepang, donde Rossi arrinconó a Márquez hasta que se produjo el contacto y la caída del 93. Fue un acto de impotencia de un campeón que veía cómo su décimo título se escapaba y que decidió llevar la lucha al límite físico y ético. La fractura social y deportiva que provocó aquel incidente todavía persiste hoy.

Incluso tras su retirada, el control de Rossi sobre el paddock no ha desaparecido; se ha transformado. A través de la VR46 Academy y su equipo de competición, ha creado un ecosistema donde forma, gestiona y controla a los nuevos talentos italianos. Se ha convertido en una figura de poder que influye en fichajes, patrocinios y equipos en todas las categorías.

Valentino Rossi es, sin lugar a dudas, uno de los mayores genios que ha dado el deporte. Pero su grandeza no se explica solo a través de su talento sobre la moto.

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