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En una ruta Off-Road no basta con llevar todo lo necesario. Peso, distribución y acceso al equipaje pueden marcar la diferencia cuando la pista se complica.
Son las ocho de la mañana y tenemos la moto delante. Al lado, todo lo que queremos llevar para pasar varios días fuera. Ropa, herramientas, comida, agua, cámara, cargadores, impermeable... Lo ponemos todo junto y enseguida aparece la primera duda: qué dejamos en casa.
En una ruta por pistas, el equipaje influye en el comportamiento de la moto. No es lo mismo circular sin carga que afrontar una zona de piedras con varios kilos mal repartidos en la moto. Merece la pena dedicar unos minutos a pensar qué vamos a llevar y dónde, así que hemos hablado con los especialistas de SHAD y hemos preparado esta guía con las mejores recomendaciones.
Las herramientas, los repuestos y otros objetos pesados conviene colocarlos en la parte baja de las maletas y lo más cerca posible del centro de la moto. La ropa y otros elementos ligeros pueden ocupar las zonas superiores, mientras que aquello que vayamos a utilizar durante el día debería quedar en un lugar accesible.
Para este viaje necesitamos espacio en los laterales y optamos por las TR36, una de las soluciones rígidas de la gama Terra. Al otro lado llevamos las TR47, de manera que podemos repartir el equipaje y mantener una distribución equilibrada. Arriba dejamos solo lo que necesitamos para completar la carga.
No hace falta llenar cada hueco. En una ruta con mucho tramo de pista, todo lo que metamos en las maletas tendremos que llevarlo durante horas.

Los primeros kilómetros son por carretera y apenas prestamos atención a la carga. Cuando aparece la primera pista de piedras, la situación cambia. Nos ponemos de pie, la moto empieza a moverse y cualquier exceso se nota más.
Para una ruta en la que queremos reducir el volumen, una alternativa como la TR27 permite mantener el equipaje lateral más contenido. Es una maleta compacta, admite hasta 7 kg por lado y puede instalarse con los sistemas 3P y 4P, según la configuración de la moto.
El objetivo no es conseguir la mayor capacidad posible, sino encontrar un equilibrio entre lo que necesitamos transportar y la forma en que queremos que se comporte la moto.

A media mañana empieza a llover. No estaba previsto, pero en una ruta de varios días conviene estar preparado. Paramos y buscamos el impermeable.
Es uno de esos detalles que solo recordamos cuando ya estamos en marcha. Colocar bien el peso es importante, pero también poder encontrar las cosas.
Las bolsas de depósito TR15C permiten llevar 13 litros y tener a mano pequeños objetos que utilizamos durante la jornada. La versión TR15CL mantiene esa capacidad e incorpora cierre con llave. El impermeable, los guantes, una cámara o algo de comida pueden viajar en esta zona sin tener que abrir las maletas principales.
La lluvia dura poco, aunque el agua que queda sobre la pista será suficiente para poner a prueba el resto del equipaje.

En el siguiente tramo aparecen roderas y barro. Bajamos el ritmo y buscamos las zonas con más agarre. La moto se mueve más y el equipaje también recibe su parte de golpes y salpicaduras.
Aquí tiene sentido recurrir a unas TR40, unas alforjas que permiten transportar hasta 64 litros entre las dos y que utilizan una bolsa interior para proteger el contenido del agua. Para una ruta en la que vamos a pasar muchas horas fuera del asfalto, permiten repartir la carga sin recurrir necesariamente a maletas rígidas.
Unos kilómetros más adelante encontramos un cruce de agua. Las TR30 están preparadas para este tipo de situaciones, con protección IPX6 y cierre Double Locking System. El agua ya no es una posibilidad: está en la pista y acabamos de pasar por ella.
No todo lo que llevamos necesita el mismo nivel de protección. La documentación, una cámara o los dispositivos electrónicos merecen más atención que una chaqueta o unas botas.

Después del barro hacemos una parada. Queremos sacar unas herramientas y nos damos cuenta de que no tiene sentido abrir una de las maletas laterales cada vez que necesitamos algo.
La TR08, con 8 litros de capacidad, permite aprovechar el espacio de las defensas. Puede reducir su volumen hasta 6 litros mediante las correas de compresión y admite hasta 2,6 kg de carga. Es suficiente para transportar material pequeño que queremos mantener separado del resto.
En la parte trasera utilizamos la TR50, que ofrece 40 litros y admite hasta 10 kg. Sus puntos de anclaje MOLLE permiten organizar accesorios o añadir elementos de carga sin tener que abrir la bolsa principal.
La distribución empieza a tener sentido. Cada espacio tiene una función y ya no necesitamos rebuscar en todo el equipaje para encontrar algo.

Después de varias horas de pista hacemos una parada antes de afrontar el tramo más complicado. Las correas siguen tensas, las bolsas no se han desplazado y las maletas están correctamente cerradas.
La gama Terra utiliza diferentes sistemas de fijación y su compatibilidad depende de la moto y del producto elegido. El 3P System y el 4P System permiten instalar distintas soluciones, entre ellas las TR47, TR36, TR27, TR40 y TR30 en el caso del 4P. Para determinadas instalaciones de la TR27 sobre este sistema es necesario utilizar además el adaptador D1TR27FIR. Comprobamos que todo sigue en su sitio y continuamos la ruta.

La tarde avanza y el terreno se vuelve más sencillo. Todavía quedan unos kilómetros hasta el alojamiento, pero ya llevamos muchas horas encima de la moto. Es un buen momento para pensar en el equipaje que llevamos.
Para viajes en los que necesitamos más capacidad en la parte superior, la TR55 ofrece una de las opciones de mayor volumen de la gama Terra. La TR48 plantea otra configuración de top case, mientras que la TR37 completa las posibilidades para quienes buscan otras dimensiones y necesidades de carga.
Si el viaje es más corto, las TR41 y TR46 permiten plantear una configuración diferente en la parte trasera. No todo viaje necesita la misma capacidad y tampoco todos los recorridos exigen el mismo equipaje.
Al llegar al alojamiento descargamos la moto y repasamos el equipaje. Algunas cosas han salido varias veces durante el día, mientras que otras no las hemos tocado, así que para la siguiente jornada ya sabemos qué podemos dejar en casa.

Después de varios días viajando, preparar el equipaje acaba siendo una rutina. Lo que utilizamos a diario va encontrando su sitio y aquello que permanece intacto empieza a sobrar.
La gama Terra permite combinar soluciones rígidas y bolsas según el tipo de recorrido, pero el principio no cambia. Hay que controlar el peso, repartirlo bien y dejar accesible aquello que vamos a necesitar durante la jornada.

Cuando el asfalto desaparece, el equipaje deja de ser algo que simplemente llevamos encima. Pasa a formar parte de la moto.
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