Kawasaki Z900RS, Kawasaki ZRX 1200R, Kawasaki Z1r
Comparativa Kawasaki Z900RS “Café” vs Kawasaki ZRX 1200R vs Kawasaki Z1r

Cuando la nueva Kawasaki Z900RS “Café” salió al mercado causó sensación... pero ¿acaso nos hemos olvidado de sus antecesoras, muy similares y comparables? En esta comparativa analizamos las tres...

Autor:
Álvaro Guardia
Foto:
Lluis Llurba
Publicado el 26/12/2018
Kawasaki Z900RS, Kawasaki ZRX 1200R, Kawasaki Z1r

La Kawasaki Z900RS “Café” es una de las motos que más revuelo ha causado en este año desde su lanzamiento y hasta sus primeras tomas de contacto. Sin duda se trata de un diseño muy acertado, con esas líneas más “clasicotas” que tanto nos enamoran hoy en día pero resulta curioso recordar como modelos anteriores de concepto muy similar no tuvieron tanta aceptación en el mercado. Antes de la Z900RS “Café”, Kawa ya había tenido diversas nakeds de alta cilindrada de tipo roadster… incluso algunas fueron las pioneras del estilo “café racer” como la Kawasaki Z1r de 1977.

Y como para entender el presente hay siempre que mirar al pasado hemos decidido juntar las tres generaciones principales de motos de Kobe que anunciaron el concepto. Junto a la Kawasaki Z900RS “Café” -la gran novedad- encontramos la Kawasaki ZRX 1200R -impecable unidad cedida por Javier Diaz, como representante de la década de los 90 y 2000- y una Kawasaki Z1r del 77; otra unidad en envidiable estado cedida por Javier Serrano y madre de todas las Z deportivas de alta cilindrada.

En muchos aspectos las dos primeras generaciones son muy similares pero, por otro lado, la nueva Z900RS “Café” tiene rasgos más cercanos a la ZRX 1200R que lo que ésta tendría con la Z1r.
Interesantes aspectos que atacaremos en esta multi-comparativa.

Kawasaki Z900RS, Kawasaki ZRX 1200R, Kawasaki Z1r

La protagonista: Kawasaki Z900RS “Café”

La Kawasaki Z900 RS “Café” es la versión “café-racer” -dentro de la permisividad comercial  del concepto- de la Z900, una moto ya conocida por todos. En este acabado el modelo aporta modernidad estética pero, sobre todo, ligereza, eficiencia y un tacto muy directo. Ergonómicamente la posición de conducción es mucho más cómoda gracias a un asiento más elevado, un manillar más cercano al cuerpo y unas flexión de piernas más natural.

La frenada se muestra también extremadamente directa y la respuesta del motor más contundente a la par que progresiva desde la zona baja del tacómetro.
No olvidemos que la Z900RS “Café” no deja de ser una Z900 con diferente carcasa y mejoras en algunos componentes, así que está claramente por encima del modelo de base en todos los aspectos... incluso aún bajo esa estética retro. Se trata de una moto tan efectiva a niveles dinámicos como cualquier “naked superdeportiva” de última hornada.

Su comportamiento es muy bueno; entra en curva, tumba, frena y corre muy, muy bien... y para colmo tiene un consumo muy ajustado. La relación de cambio es bastante corta, así que debemos tener cuidado con las aceleraciones en primera y segunda. Y en estas marchas agradeces el control de tracción. No es una moto con un gran paquete electrónico como otros modelos más deportivos pero si dispone de ABS y dos niveles de control de tracción que indudablemente ayudan tanto desde el punto de vista de seguridad como dinámico. Por lo demás, el motor está lleno en todo el régimen aunque por carácter es algo más puntiagudo que sus antecesoras, sintiéndose cómodo cerca de la zona roja.

La entrada a curva es muy ágil y la moto redondea muy bien la caída. En pleno ápice se muestra un pelín nerviosa pero nada reseñable. En cambio sí es reseñable la altura de las estriberas, que rozan con facilidad.

La salida de curva es muy buena, muy eficiente, sobre todo gracias a la electrónica. El tacto del gas es un poco brusco y aunque en conducción deportiva no supone ningún problema, cuando llevamos paquete se hace notar más, ya que sufre mucho los pequeños tironcillos del abrir y cerrar gas. Las suspensiones marcan de largo la gran diferencia respecto sus antecesoras; funcionan bien tanto a baja velocidad como a alta velocidad. A ritmos lentos lo absorben todo, hasta el punto de hacer la conducción muy “eléctrica” y sin transmitir mucho. En este aspecto la ZRX y la Z1r resultan algo más “puras”.

Para terminar con la parte ciclo, reseñar que la frenada es tan buena como la de cualquier deportiva y sobrada para una naked diseñada paras el uso en carretera abierta.

La hermana del medio: Kawasaki ZRX 1200R

La ZRX 1200 R destila calidad, personalidad, par motor, deportividad... y mucho consumo.

Es una Kawasaki pura y dura de la “vieja escuela de Kobe” aunque se sitúa en el punto medio de un ciclo que te brinda ya aspectos modernos a la par que detalles ochenteros como, por ejemplo, grifo de reserva. La unidad probada es de 2006 y ofrece un motor refrigerado por agua y alimentado por carburación muy superior y con mucho más carácter que sus descendientes. Ergonómicamente el trasero va tan bajo como en los años 90, el manillar queda tan lejos como en la época de Angel Nieto y las estriberas tan altas como en la moto de Márquez. Si llevase equipo de música tendría entrada para cassettes y los mejores altavoces jamás fabricados.

Sin duda alguna estamos ante un concepto difícil de digerir. En realidad se trata de una moto campeona del AMA Superbikes bajo una apariencia pacífica y “carreteril”. No amigo lector... ésta no es una cafe-racer con manillar alto; es una racer con intermitentes. Retrásale las estriberas, bájale el manillar o instálale unos semis, ponle una tapa de colín, quítale el faro, ajusta las suspensiones… y ya puedes olvidarte de la cazadora para enfundarte el mono. Estamos ante una maravilla de la ingeniería Kawasaki, con una calidad de acabados excepcional. El tarado de las suspensiones de fábrica que presentaba la unidad de pruebas era blando y desajustado, aunque le daremos un voto de confianza por el desgaste. Javier Díaz, su propietario, es más que consciente de la necesidad de un cambio de aceite y puesta a punto. Tras ajustar, cerrar hidráulicos de compresión y cerrar la extensión un poquito... es otra moto. Y si ya pudiéramos levantar la zaga tendríamos una Superbike de competición. La ZXR 1200 R entra en curva como un tiralíneas. Al principio cabeceaba muchísimo pero tras los retoques de la amortiguación ahora se muestra más subviradora. El paso por curva es bueno pero la moto pesa y tiene muchas inercias. Mientras seas consciente de ello, tienes un arma muy polivalente.

La frenada es buena; no excesivamente directa en el primer recorrido de maneta aunque tampoco desfallece. Sin embargo, la falta la firmeza de un anclaje radial, lo cual sumado al peso en vacío nos obliga a realizar mucha presión en la maneta. Pese a eso, su estabilidad en plena frenada es buena y su consistencia en la entrada en curva con el freno delantero actuando es asombrosa. Eso sí, exige mucho neumático delantero. El chasis es un increíble ejemplo de perfección de un doble cuna tradicional de sección tubular y el basculante es una sorprendente construcción también tubular pero bajo el diseño de un extruido de viga de aluminio.

Disponemos del mejor motor del mundo... adherido a la peor caja de cambios de la historia. El propulsor es el de mayor despliegue de par que he probado en mucho tiempo pero eclipsado por una caja de cambios lenta, larga, tosca y torpe. ¿Qué significa esto? que el par se pierde por las relaciones de cambio. Empuja e impresiona bastante menos que su predecesora a pesar de disponer de un cubicaje muchísimo mayor. La carburación quizá no optimiza al nivel de una inyección la combustión pero en contrapartida  mantiene ese “tacto de moto” que tanto echamos de menos. El motor corre muchísimo pero la caja de cambios lo lastra.

Se trata de una de cal y una de arena constantemente... porque, pese a ese horrible caja de cambios es también la única de las tres motos con la que he podido disfrutar tanto a ritmos lentos como a ritmos altos. La ZXR 1200 R conserva ese tacto tradicional y conservador de las motos de antes, con las que puedes pasear al “tran tran” sin tener que andar templando tu necesidad de enroscar a fondo y salir disparado.

La madre de todas las “Café”: Kawasaki Z1r

Llegamos a la última integrante de esta bonita comparativa; la madre de todas las “Café-Racer” que han venido después. La que abrió el ciclo y mantiene, con mucho orgullo, la auténtica esencia del legado Z.

La Z1r destila olor a gasolina y aceite y hace gala de una rudeza y un nivel de exigencia que elige a aquel que ose montarla. Para empezar... hay un puño de gas duro para una moto dura y unas suspensiones secas y restallantes al más puro estilo Kawasaki. Los frenos también duros, sobre todo por su escasa mordiente. Todo muy setentero.

La moto es un modelo de leyenda que transmite calidad... pero también supervivencia.  Acelera millas y frena kilómetros, conduce curvas y pilota rectas. Se comunica con el conductor con un lenguaje metálico, aceitoso y ruidoso. Y necesitas comprenderlo porque, si no, acaba contigo.

La Z1r mantiene esa encantadora capacidad de poder ir despacio con un motor de 1000cc y 4 cilindros... y disfrutar de ello. Sentir esa transmisión... esa comunicación del asfalto a través de dos telescópicas con más años que Matusalén y que, sorprendentemente, te conducen a baja velocidad mejor que hoy en día... aunque te desmontan a la primera “emocionada” que te pegas. La moto frena y tumba dentro de unos límites muy claros. A la Z1r le gusta la recta... pero no de autopista sino de nacional. Es esa moto que vive entre Zamora y León, que ruge y te recuerda a Mad Max.

Su entrada en curva, si la comparamos con cualquiera de sus descendientes, es como la de un autobús de la EMT... pero un autobús que mola muchísimo y suena de maravilla.
Dinámicamente presenta todas las carencias lógicas del paso del tiempo pero también transmite muchísimo más. No se trata en absoluto de una moto sosa y carente de personalidad. Al contrario; es ese tipo de moto que aunque vayas a por el pan, esa noche sueñas con ella. A ritmos altos guarda muy bien la estabilidad aunque en fuertes inclinadas tiende a  desarmarse. En curvas lentas… lo dicho, EMT.

Es evidente que, en una comparación directa frente a las otras dos, siempre tiene las de perder. Es el primer eslabón de una saga y se nota pero no olvidemos que esta moto marcó para siempre a Kawasaki con un rasgo muy característico: la deportividad frente a su competencia. Es muy fácil hablar de la Z1r viviendo en el 2018 y lo suyo sería viajar en el tiempo para experimentar lo que significó en su momento ser una pionera en el segmento deportivo para carretera. Es, nada más y nada menos, que la madre de todas las café-racer japonesas.

Enfrentamiento a tres bandas

Cada una de distinta generación pero con virtudes y características únicas que las hace muy diferentes entre ellas, a pesar de ser el mismo concepto a lo largo de los años. La Z1r es larga, de carrocería estrecha y motor excesivamente ancho. Muy bajita y pesada... a la par de flexible en los apoyos. La ZRX 1200 sigue siendo bajita y pesada, no tan larga y algo más rígida. La que sí sufre un cambio notable en la línea evolutiva es la Z900RS “Café”. Mucho más alta, más ligera, más corta y más ancha de bastidor. La Z900RS recoge el legado de las Z y lo eleva a un peldaño más con mucho éxito y sin perder esa esencia que infundía Kawasaki a sus Z de los años 80 y 90.

Si Sergio Leone fuera motero tendríamos a estas tres motos retándose en el cementerio burgalés de Sad Hill rugiendo en punto neutro, vibrando... esperando a ver quien engrana primero.

Texto:

Álvaro Guardia

Fotos:

Lluis Llurba

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