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Marruecos está a solo una hora de la Península: es un destino cercano y atractivo para los motoristas españoles. Si no te has animado todavía, te voy a dar razones para considerar el viaje que acabo de hacer.
Viajar -descubrir- es una de las actividades más maravillosas que puede realizar el ser humano y si la aventura se hace desde una moto, el resultado es todavía más enriquecedor. Confieso que un buen número de personas de mi círculo había ya viajado en moto por Marruecos. Me hablaban de lugares icónicos como Merzouga o la Cordillera del Atlas.
En la Semana Santa de 2026 se alinearon los planetas para, por fin, vivir la aventura de ocho días y siete noches rodando en moto por Marruecos. Antes de partir es necesario realizar algunos papeleos imprescindibles: pedir a la compañía en la que tienes asegurada tu moto un Seguro Internacional para los días que durará el viaje (lo que antes se conocía como la Carta Verde), un trámite que es gratis. Otro aspecto que no es obligatorio pero que nos parece imprescindible es contratar un seguro privado de asistencia en viaje para esos días (que puede costar unos 30 euros).

En lo que respecta al móvil, como allí no funciona el roaming europeo, si tu dispositivo es moderno lo aconsejable es contratar una eSIM y si no admite una SIM electrónica puedes adquirir una física al entrar en Marruecos. En ambos casos puede que tengas que desembolsar otros 30 euros.
A pesar de la obviedad, no queremos pasar por alto lo importante que es ir con la moto en perfectas condiciones: kit de arrastre, neumáticos, pastillas, revisiones, etc. Ante la duda, conviene ser precavidos. Así, por ejemplo, si piensas que al final vas a ir justo de neumáticos, mejor cámbialos antes de partir.
Los ferris hacia Tánger salen de Tarifa y Algeciras. El conjunto moto-piloto cuesta unos 100 euros. Si vas a ir -como fue mi caso- en Semana Santa, compra la ida y vuelta con antelación pues en esas fechas son literalmente miles los españoles que en coche (4x4) y moto van de viaje a Marruecos. La travesía solo dura una hora, es raro marearse, pero si no lo tienes claro, lo mejor es que vayas con el estómago lleno y tomes una Biodramina. A la vuelta, mientras esperábamos para pedir un bocata en la cafetería del ferri, un señor vomitó a nuestro lado…

Lo mismo vale para los hoteles, resérvalos con antelación. En mi caso -uno ya tiene una edad- fui en un viaje organizado por los especialistas de GR11 Viajes, unos excelentes profesionales que se encargaron de todo: ferris, hoteles y comidas. Tienes más información en marruecosenmoto.com.
La organización constaba de un guía en moto, además de un coche de apoyo con remolque. Mi grupo fue de siete motos, más la del guía (mi amigo Teo, quien me animó a apuntarme). Además de Teo, el grupo lo componíamos: la pareja formada por Ángela y Fernando (¡gracias por arreglarme el espejo!), los maños Ángel, Jorge y Paco, los alicantinos Miguel Ángel y Miguel y un servidor.
Hicimos noches en Chaouen, Fez, Errachidia, Merzouga, Boumalne Dades, Marrakech y Rabat. En Marruecos, aunque sea a finales de marzo, uno espera pasar algo de calor, y así fue en general. Pero lo que me cogió por sorpresa fue ¡rodar con una temperatura de 2 grados por las montañas de Ifrane! Un lugar conocido como la Suiza de Marruecos por la climatología y sus casas con tejados a dos aguas. Solo Miguel y yo no teníamos puños calefactables y ¡los echamos de menos!
Llegados a este punto demos un pequeño repaso a la equipación recomendable: casco, guantes, buff, chaqueta con espaldera -te recomendamos un chaleco con airbag-, pantalones de moto, y botas de caña alta. La indumentaria dependerá un poco de la época del año a la que viajes. Un pantalón de agua ocupa poco y conviene llevarlo por si acaso. Miguel Ángel tenía un pequeño bote con líquido limpiacristales que se mostró definitivo para limpiar las pantallas de los cascos (Miguel Ángel, ¡gracias!). En un plano más personal, yo llevo un casco con visor solar (con una pantalla oscura retráctil) que cada vez me parece más práctico.
Marruecos se está desarrollando a pasos agigantados, pero todavía las infraestructuras son algo más precarias que en Europa (lo que forma parte del encanto). Si buscas carreteras como una mesa de billar y orden suizo quizá Marruecos no sea el destino ideal para ti. En cambio, si te llama la atención un país donde te puedes encontrar un camello en medio de la carretera, rodar por los puertos del Atlas o las arenas del Sahara, nuestro vecino del sur no te defraudará.

Sí, es un lugar común, pero no está de más repetirlo. A los marroquíes les encanta regatear -un arte en el que me confieso un desastre-, así que no olvides que el precio que te piden por la gorra, la mano de Fátima, o por limpiarte las botas es solo un punto de partida. A grandes rasgos 10 dirhams equivalen a un euro, así que basta con quitar la última cifra para convertir a la moneda de la UE. Casi todo suele ser más barato que en España y por 100-130 dirhams puedes comer o cenar en un sitio agradable que ofrezca buena comida.
Me habían metido mucho miedo con los desajustes estomacales, pero en nuestro grupo solo dos o tres personas se vieron afectados por ello y de manera leve. Basta con observar algunas simples reglas: no comer nada de la calle, beber solo agua embotellada, no tomar nada con hielo… Si, como yo, gustas de una o dos cervezas para cerrar un día perfecto, recordemos lo obvio. Marruecos es un país musulmán en el que la población no bebe alcohol. Dicho esto, en la mayoría de los hoteles se puede conseguir cerveza Casablanca, que además no está nada mal.

Las carreteras secundarias suelen estar muy transitadas por todo tipo de vehículos, las retenciones son frecuentes y hay algunos paisanos que adelantan encomendándose a Alá (lo digo con respeto). Si en moto hay que ir con mil ojos, pues en territorio desconocido son necesarios mil y un ojo. El paso de peatones y la línea continua son opcionales, lo importante es que prime siempre la seguridad y el sentido común.
El contraste entre los puertos a 2200 metros y las arenas de Merzouga es brutal, y supone uno de los grandes atractivos de Marruecos. Al llegar al destino puedes perderte por la medina vieja de Fez, una de las más auténticas y mejor conservadas del mundo árabe. Se estima que tiene 9400 callejuelas, por lo que es más fácil entrar que salir…
En el entorno de Erg Chebbi, en Merzouga, puedes alquilar -con guía- un buggy para dar una vuelta por las dunas del desierto, una de las experiencias más divertidas del viaje. La inmensidad y la belleza del desierto es algo que no se puede contar, hay que verlo.

Otro de los mejores momentos del viaje fue la subida y bajada al puerto de montaña de Tizi n’Tichka, que en bereber significa paso de los pastos. Es la arteria principal que conecta Marrakech con las puertas del desierto del Sahara. El puerto de Tizi n’Tichka alcanza una altitud de 2260 metros, lo que lo convierte en el paso de montaña asfaltado más alto del norte de África. Atraviesa la cordillera del Alto Atlas, uniendo Marrakech con la ciudad de Ouarzazate.
¿Se nota que me lo he pasado bien? Termino con dos obviedades: Lao-Tsé dio en el clavo cuando dijo que un viaje de mil leguas comienza con un solo paso. Pero no olvides que el viaje no acaba hasta llegar a casa, no bajes nunca la guardia y lejos de ella practica más que nunca una conducción defensiva/preventiva.
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Tras estudiar periodismo e inglés, en los 80 me publicaron una entrevista con Kenny Roberts y desde entonces estoy en este mundo. Dispuesto a aprender hasta la caída de la bandera ajedrezada.
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