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Repsol reorganiza su gama en cuatro categorías para adaptarse a nuevos usos y motores, y facilitar una elección que hoy depende tanto de la moto como de cómo se conduce.
En una ciudad donde las motos se cuelan entre coches y semáforos, y donde cada trayecto —de diez minutos o de cien kilómetros— somete al motor a condiciones distintas, elegir el lubricante adecuado se ha vuelto menos evidente que hace unos años. A ese cambio en el uso y en la tecnología responde ahora Repsol, que ha reorganizado por completo su gama de productos para motocicletas.
La presentación tuvo lugar en el Repsol Technology Lab, el centro desde el que la compañía desarrolla sus productos. Más que un lanzamiento al uso, la propuesta supone ordenar un catálogo que había crecido en paralelo a la evolución del mercado. Hoy, con motores más exigentes y perfiles de motorista muy distintos, la pregunta ya no es solo qué moto tienes, sino cómo la usas.
Ese es el punto de partida de la nueva gama: cuatro categorías —Extreme, Explorer, Urban y Rider— que buscan simplificar la elección en función del uso real. No es lo mismo un scooter que arranca varias veces al día en recorridos cortos que una moto que pasa horas en carretera o una máquina que se acerca a condiciones de circuito.

“Con esta nueva gama damos un paso más en nuestra estrategia de simplificación y orientación al cliente”, explicó Clara Velasco, directora de Lubricantes. “Esta propuesta responde a nuestra forma de entender el lubricante de moto: exigencia técnica, facilidad de elección y una conexión directa con el uso real de la motocicleta”. Según añadió, “hemos transformado nuestra experiencia en competición en soluciones concretas que cualquier motorista puede entender y elegir”.
La referencia a la competición no es menor. En categorías como Moto2 y Moto3, los motores trabajan al límite: altas revoluciones, frenadas constantes, temperaturas elevadas. Ese entorno sirve como banco de pruebas antes de que muchas de esas soluciones lleguen a productos pensados para la calle. La compañía lleva décadas utilizando ese puente entre circuito y uso cotidiano como parte de su desarrollo.

En la práctica, la reorganización se traduce en perfiles reconocibles. Extreme se dirige a quienes buscan un rendimiento sostenido en condiciones exigentes, con motores sometidos a carga y temperatura elevadas. Explorer apunta a motos de largo recorrido —viajes, rutas, uso mixto— donde importa mantener un comportamiento estable durante horas.
En el extremo opuesto está Urban, pensado para el día a día en ciudad: trayectos cortos, paradas constantes, arranques en frío. Un escenario donde el desgaste no viene tanto por la velocidad como por la repetición. Aquí entran también los scooters, con particularidades técnicas como la transmisión CVT o el embrague seco.

La gama se completa con Rider, enfocada en quienes buscan una solución directa para el mantenimiento habitual. Productos compatibles con distintas especificaciones y pensados para facilitar la elección en el punto de venta o en el taller.
Detrás de esta reorganización hay también una lectura de mercado. La moto ya no responde a un único patrón: convive el uso profesional, el desplazamiento urbano y el ocio de fin de semana. En ese contexto, ordenar la oferta no es solo una cuestión de catálogo, sino de traducir la complejidad técnica a decisiones más simples para el usuario.
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