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Han casi desaparecido aparte de las motos de campo... ¿por qué nos gustan los motores “dos tiempos” y por qué soñamos con aquellas 250 deportivas que los montaban en los años ochenta y noventa?
El motor 2T tiene dos ventajas clave frente al 4T: genera el doble de potencia con la misma cilindrada porque completa sus ciclos en cada vuelta del cigüeñal (dos vueltas para el 4T), y es mucho más sencillo mecánicamente (menos piezas). A cambio, consumo más (hasta el doble…) y contamina más porque no controla tan bien el flujo de gases como el 4T, por esos dos motivos cayó en desgracia y ha desaparecido salvo en motos de campo donde potencia y ligereza todavía priman.
Una parte muy importante que de hecho revolucionó el uso de los 2T es el escape: el "tubarro" (cono y contracono resonantes) permite aumentar mucho rendimiento, algo que descubrió un ingeniero alemán (Walter Kaaden ex-V2) en los 1960... y cuyo piloto (Ernst Degner) protagonizó una fuga histórica (de MZ a Suzuki) digna de una película llevándose el secreto a los japoneses.
Por su rendimiento mientras el reglamento fue libre fueron los más usados en MotoGP sobre todo tras el invento del escape resonante, igual en motos de calle de pequeña cilindrada como ciclomotores, las 74 del antiguo A1, o las 125 deportivas que rondaban 30 CV (ahora la mitad con el A1 y motores 4T).

Y aquí llega el momento de hablar de unas motos con las que muchos han, hemos, soñado: las 250 deportivas. Hubo varias generaciones desde los años 80 hasta primeros de este siglo, todas eran réplicas de las 250 de Gran Premio (también desaparecidas en favor de las Moto2 en 2010). La clave de estas motos es que no solo "se parecían" a las GP 250 sino que técnicamente eran gemelas, con sus motores 2T de potencia moderada para la calle (60 o 70 CV en lugar de 90 o más), su genio y el peso, unos 130 kg solo (100 kg las de GP).
En España llegaban con cuentagotas en importación paralela hasta que llegó la Aprilia RS250, pero tuvimos un buen anticipo desde 1985 con la Yamaha RD350, que (al principio sin carenado) ofrecía 60 CV para unos 150 kg y dejó su impronta en los "quemados" del momento.
Aquellas japonesas soñadas eran las Honda NSR, Kawasaki KR-1S, Suzuki RGV o Yamaha TZR, que se iban poniendo al día prácticamente cada año por la guerra interna entre fabricantes en Japón, algo que duró hasta los principios de los años noventa. La posterior Aprilia llegó en 1005 y en realidad usaba el motor Suzuki.
Kawasaki y Yamaha usaron motores bicilíndricos en paralelo, también en GP, aunque las últimas TZR sí eran V2. La Honda era la más tecnológica incluso las últimas tenían tarjeta de contacto que incluye chip según nivel de potencia, embrague en seco, monobrazo...
Estas motos ahora solo se encuentran usadas y salvo que las haya tenido un coleccionista o las hayan restaurado pueden estar algo tocadas, ya que hubo copas de carreras con ellas y el trato del circuito no sienta bien a largo plazo…
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