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Michelin vuelve a estar en el ojo del huracán mediático por su propio afán de ganar una guerra matando mosquitos a cañonazos; y con el error añadido de su máximo responsable en MotoGP culpando a los equipos de no haber hecho los test necesarios esta temporada.
Los problemas de Michelin en MotoGP están llegando a tintes dramáticos; y ya hay demasiada gente: aficionados, profesionales del Paddock y hasta algunos pilotos; que piensan y hasta alguien que afirma que es la mano negra, como su caucho, que decidirá el ganador de MotoGP en 2017. Maverick Viñales aún no se ha subido (en público) a ninguna teoría de la conspiración; pero Cal Crutchlow dijo el viernes de Mugello que Michelin había traído una goma determinada para que ganara Ducati. Y este domingo, Andrea Dovizioso se ha mostrado él mismo sorprendido con su victoria en Montmló; y todos los rivales de Rossi y Viñales, pasmados ante los problemas de los pilotos oficiales de Yamaha.
La verdad del problema de Michelin con sus neumáticos delanteros está detrás; en el mejor neumático trasero de carreras construido jamás, en la historia del motociclismo moderno. La verdad de Michelin en MotoGP reside en un compromiso adquirido por la marca francesa con el Campeonato desde que asumieron la responsabilidad de sustituir a Bridgestone. Este compromiso tiene que ver con un objetivo determinado de seguridad: eliminar las caídas "por orejas" en la mayor medida posible.
Bridgestone tenía una goma delantera que aguantaba todo lo que le echaran; hasta el punto de hacer ceder a la electrónica y a la parte trasera de la moto, cuando el piloto iba explorando sus propios límites; más allá de los límites de su montura. La nueva filosofía consiste en asegurar detrás hasta el infinito y la consecuencia es que no se puede desarrollar un neumático delantero que aguante al cien por cien al trasero. Los neumáticos delanteros se están desarrollando, deliberadamente, con unas "ventanas de uso" limitadísimas (de ahí las diferencias de Warm Up a Carrera, de 20 grados a 44) que dejan, literalmente, al piloto con el culo al aire y sin avisar; pero a velocidades lentas para rodar por el asfalto.
Todo responde a un plan: las motos de carreras tienen un límite, al final siempre se caen; por lo tanto pongamos el umbral de ése límite en un punto en el que las velocidades no sean estratosféricas, de tal manera que se salvaguarde lo más posible la integridad física de los pilotos. El problema es que todo esto suena mal (a conspiración, o sea) y el resultado está siendo mucho peor de algo que es malo de entrada: Michelin, que no tiene nadie a quien ganar, se está desangrando mediáticamente en un certamen mundial monogoma donde el mejor escenario posible es que no te nombren los pilotos cuando se bajan de sus motos. Y lo hacen; Maverick acaba de decir en directo en la tele que las explicaciones que reciben son excusas, y él solamente espera de ellos que trabajen y aporten soluciones.
MotoGP se está convirtiendo en el Vietnam de Michelin. Como ha dicho el propio Marc Márquez, deberían investigar menos y centrare en un rango más convencional y conseguir un delantero standard. Lo cierto es que en todas las caídas de este fin de semana (con el récord de Marc al frente) incluso las que han sido de pérdida de trasera, como Bautista entrando en recte de meta, en ningún caso el piloto ha sido lanzado por los aires. Y no es ninguna casualidad, parroquia. Michelin no decide quién gana, pero sí condiciona cada GP con su obsesiva búsqueda de excelencia. Y el error fatal de Goubert lo vemos cuando echa la culpa de los resultados a los equipos que no hacen test previos en los circuitos donde se va a correr después. Vietnam se perdió en Vietnam; y en la tele.
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