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La firma italiana rescata una de las denominaciones más representativas de su historia con un scooter de 125 cc que combina herencia, tecnología y personalización.
Hay nombres que trascienden generaciones y acaban definiendo la historia de una marca. En Lambretta, la letra J es uno de ellos. Nacida en 1964 para dar vida a un scooter dirigido a un público joven y con un planteamiento diferente al del resto de la gama, esta denominación regresa ahora convertida en una propuesta adaptada a la movilidad urbana actual. La nueva J 125 mantiene el vínculo con aquel modelo sin caer en un ejercicio de nostalgia, combinando diseño, tecnología y posibilidades de personalización bajo una interpretación plenamente contemporánea.
Presentada durante el pasado EICMA de Milán, la nueva J 125 llega ahora al mercado español con una propuesta que desembarca en un segmento donde el diseño se ha convertido en uno de los principales argumentos de compra. Frente a una oferta cada vez más homogénea, Lambretta apuesta por reforzar aquello que históricamente la ha distinguido: una imagen reconocible, soluciones técnicas propias y una identidad muy marcada.

Lejos de reproducir las líneas del modelo original, la nueva J 125 toma algunos de los rasgos característicos del diseño Lambretta y los adapta a un lenguaje contemporáneo. La silueta alargada y el faro delantero hexagonal siguen presentes, mientras que el frontal introduce un nuevo elemento distintivo inspirado en una tabla de surf que se convierte en el sello visual del modelo.
Ese componente sirve además como punto de partida para una de las principales novedades de la J 125. Lambretta ha desarrollado un programa de personalización que permite modificar la apariencia del scooter mediante diferentes kits gráficos y piezas intercambiables. La oferta se completa con la colección Art on Wheels, creada junto al artista neerlandés Piet Linnebank, que traslada el lenguaje del cómic y la ilustración a la carrocería del vehículo.

Más que ofrecer un simple catálogo de accesorios, la marca plantea la personalización como parte de la propia experiencia de uso, permitiendo que cada propietario configure el scooter según sus preferencias.
Más allá de la estética, la J 125 conserva uno de los elementos técnicos más característicos de la marca. La suspensión delantera mantiene el sistema de doble brazo oscilante con doble amortiguador, una solución que Lambretta ha convertido en una de sus señas de identidad y que hoy resulta poco habitual dentro del segmento.

La parte ciclo se completa con un monoamortiguador trasero, frenos de disco hidráulicos de 220 mm en ambos ejes con ABS de doble canal y llantas de 12 pulgadas. El conjunto busca ofrecer un equilibrio entre maniobrabilidad y estabilidad para un uso eminentemente urbano, apoyado por una altura de asiento de 790 mm que facilita el acceso a usuarios de distintas estaturas.
La mecánica recurre a un motor monocilíndrico de 124,6 cc, cuatro tiempos, cuatro válvulas y refrigeración líquida, homologado conforme a la normativa Euro 5. Una configuración habitual entre los scooters de acceso al carné A1 que prioriza la facilidad de utilización y la eficiencia en los desplazamientos diarios.

La evolución también alcanza al equipamiento. La J 125 incorpora una pantalla TFT con conectividad para smartphone desde la que se gestionan distintas funciones del vehículo, además de puertos USB de tipo A y C para alimentar dispositivos electrónicos.
La dotación práctica incluye una llave inteligente que permite arrancar el motor o desbloquear el asiento sin necesidad de extraerla del bolsillo, un depósito de combustible ubicado en la parte delantera que simplifica el repostaje y un compartimento con capacidad para alojar un casco integral.

El mercado de los scooters de 125 cc ofrece cada vez más modelos con planteamientos similares desde el punto de vista técnico. En ese escenario, Lambretta busca ocupar un espacio diferente. La nueva J 125 no pretende destacar por cifras de potencia ni por una carrera tecnológica frente a sus rivales, sino por recuperar una parte de la historia de la marca y reinterpretarla con una propuesta adaptada a las necesidades actuales.
Con la nueva J 125, Lambretta recupera uno de los nombres con más peso de su historia sin convertirlo en un simple ejercicio de nostalgia. La marca toma como punto de partida el legado del modelo de 1964 para construir un scooter adaptado a las necesidades actuales, donde el diseño sigue siendo uno de sus principales argumentos, acompañado por un nivel de equipamiento acorde con las demandas del mercado y una personalidad que busca diferenciarlo dentro del segmento urbano.
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