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En una moto de marchas ya sabes cómo se hace: tú mandas. Embraguas, pones primera, y según cuánto gas das y cuánto dejas patinar el embrague sales más o menos rápido. Y a partir de ahí, puedes ir subiendo marchas con el motor a régimen tranquilo, o apurar el cuentavueltas antes de cambiar. Como digo, el piloto manda.
En un scooter tradicional, el piloto no manda tanto: solo puede dar gas, abriendo más o menos el puño, pero sin mucho efecto sobre el conjunto motor-transmisión. Porque ese sistema funcionará en función de su puesta a punto, es decir, a qué revoluciones engancha el embrague y cómo va abriendo el desarrollo el variador. El embrague es automático centrífugo y el variador es como una transmisión de bici que va cambiando entre infinitas opciones, desde la más “corta” (poleas del lado del cigüeñal abiertas y trasera cerrada por el muelle de contraste), hasta la más “larga” (polea primaria cerrada por el variador y secundaria abierta).
En el arranque el embrague enganchará al régimen de revoluciones definido por los contrapesos, ya sea un embrague de zapatas o uno más avanzado multidisco (siempre automático por la fuera centrífuga). Si mi scooter sale algo perezoso, digamos porque el embrague engancha en torno a 2000 rpm de motor, puedo poner muelles más duros o contrapesos más ligeros (según el sistema). Así, aunque dé gas poco a poco, hasta que no esté pongamos en 3000 rpm no empezará a arrastrar. Y si abro gas rápido y fuerte, enganchará pasadas las 3000 rpm y saldrá con mucha más energía. Será como si dejara patinar un poco un embrague manual.
También puede ser al revés: creemos que nuestro scooter sale siempre muy revolucionado, y solemos ir sin pasajero ni pesar mucho: pues una puesta a punto más conservadora será más cómoda y… a largo plazo durará más porque las prestaciones siempre “cuestan” algo (desgaste).
¿Y el variador? Pues sería el equivalente al cambio de marchas. Es posible que tengamos un scooter con una puesta a punto muy conservadora: una vez en marcha, el motor sube hasta un régimen medio-bajo (siempre es en torno al de par máximo) y el scooter va ganando velocidad hasta que el variador abre del todo, se llega al desarrollo final, y gana velocidad “estirando” hasta más rpm.
Si queremos más rapidez, lo que sería “estirar más las marchas”, podríamos montar rodillos más ligeros en el variador: hará falta más rpm para que “abran” el desarrollo. Notarás que en marcha el motor va más revolucionado, y alcanzas antes la misma velocidad. Algo parecido se consigue con un muelle trasero (“contraste”) más duro, aunque más difícil de cambiar que jugar con pesos ligeramente más ligeros en el variador.
Y, de nuevo, sirve al contrario: si te parece que tu scooter se revoluciona mucho cuando acelera, montar rodillos más pesados lo “tranquilizará”. Será como si cambiaras de marchas a menos rpm, conduciendo más tranquilo.
Las dos cosas son totalmente válidas, dentro de los márgenes que permita cada scooter por la potencia de su motor y peso (para no dejarlo demasiado “muerto” ni demasiado agresivo).
Pero, como ves, es algo que decides “en el taller”, aunque sea en casa, porque una vez montado no puedes cambiar el “estilo” de la transmisión. Para eso, hace falta una moto con embrague y cambio manual...
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