motogp silverstone 2018

Historias del paddock: El GP de Qatar. Aplazamientos, suspensiones y otras epidemias en MotoGP

No es la primera vez que un Gran Premio, como el GP de Qatar de 2020, se suspende o se aplaza por motivos ajenos a la competición, aunque nunca antes en la historia una epidemia había trastocado así una prueba de MotoGP.

Autor:
Juan Pedro de la Torre
Foto:
Archivo
Publicado el 06/03/2020
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Por lo general, detrás de cualquier suspensión o conflicto generado en una carrera del Mundial siempre ha habido dos explicaciones: la seguridad o la economía. Cuando los pilotos han visto amenazada su integridad han respondido con un plante, boicoteando la carrera y negándose a correr.

A lo largo de la historia de los Grandes Premios esto ha sucedido en un buen número de ocasiones. Pero al mismo tiempo ha sido un hecho repetido que cada plante se ha seguido de manera desigual, porque ningún boicot masivo por cuestiones de seguridad ha dado pie a la suspensión o el aplazamiento de una carrera: siempre había alguien dispuesto a competir.

Así pasó en Nürburgring, en 1974, cuando sólo compitieron un puñado de pilotos alemanes; en Spá, en 1979, donde sólo participaron los pilotos privados; en Nogaro, en 1982, con una parrilla compuesta casi exclusivamente de franceses y pilotos modestos; o en Misano, en 1989, cuando el boicot de los pilotos de 500 sólo fue secundado por los hombres de fábrica.

También se han dado casos en los que la carrera se ha anulado sin llegar a acudir al circuito, como sucedió en Buenos Aires, en 1988, cuando los pilotos votaron no viajar a Argentina porque no se había acometido las reformas prometidas, o la anulación del Gran Premio de Brasil en dos ocasiones, que tanto la FIM (1990) como Dorna (1998) decidieron no llevar adelante porque la pista no reunía las condiciones adecuadas.

Las razones de índole económica siempre generan polémica. La primera vez que los pilotos se plantaron fue en Assen, en 1955, cuando los privados de la categoría de 350 boicotearon la carrera. La FIM los sancionó con dureza: impuso 17 penas de suspensión de licencia por un periodo de entre cuatro y seis meses. Otras veces, cuando alguna de las estrellas se quejaba, bastaba una pequeña inyección económica para contentarlas.

Aplazamientos en los Grandes Premios

También se han dado casos de aplazamiento, cambios de fecha e incluso de emplazamiento, por motivos de fuerza mayor. Fue muy célebre la huelga naviera de 1966 que obligó a posponer el Tourist Trophy al mes de agosto, desplazándolo de sus habituales fechas a mitad de camino entre mayo y junio. Pero al menos la carrera se hizo.

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En 1991, cuando estalló la guerra en los Balcanes que dio paso a la descomposición de Yugoslavia, la carrera programada en Rijeka se trasladó al circuito del Jarama. La iniciativa de Dorna, que acababa de ser anunciada como futuro gestor de los derechos televisivos del campeonato, propició que la carrera no se perdiera. Años después se repitió la misma situación cuando el promotor del Gran Premio de Hungría de 2010 fue incapaz de construir el circuito de Balatonring y Dorna adjudicó la carrera a Motorland para conseguir cumplir sus compromisos. Aragón entró como sustituto pero se ganó su plaza fija por méritos propios.

En los últimos años hemos asistido a varios aplazamientos de Grandes Premios. Ese es el mal menor: si hay problemas para hacer una carrera, siempre es mejor aplazarla que suspenderla.
En 2008, cuando MotoGP viajó por primera vez a Indianápolis, lo recibió el huracán Ike. La amenaza de suspensión estuvo presente durante todo el fin de semana, pero llegada la hora de correr, las carreras se pusieron en marcha. La de 125 se tuvo que interrumpir por la mala climatología, y se aplazó la de 250 para permitir que corrieran las MotoGP antes de que el tiempo lo impidiera. Después de 20 vueltas, se dio por concluida, y los pilotos de 250 ya no llegaron a correr.

En 2009 el Gran Premio de Qatar, en su segunda edición nocturna, se encontró con un invitado inesperado: la lluvia. El agua sobre asfalto refleja la luz de los focos y hace impracticable la conducción. Los pilotos de 125 saltaron a pista con algo de humedad pero se puso a llover y la carrera se suspendió, cubriendo solo cuatro vueltas, la carrera más corta de la historia del campeonato en virtud del nuevo reglamento. Los de 250 pudieron hacer una carrera de 13 vueltas. Pero como se puso a llover con fuerza, MotoGP tuvo que posponer su carrera al lunes, disfrutando ya del habitual tiempo seco del desierto qatarí.

En dos ocasiones consecutivas el Gran Premio de Japón tuvo que ser aplazado por culpa de catástrofes naturales. En 2010 la erupción del volcán Eyjafjallajökull en Islandia interrumpió el tráfico aéreo de todo el mundo, afectando al desplazamiento de los equipos hasta Japón. La carrera pasó de abril a octubre.

Un año después se repitió la misma situación por un motivo más trágico: el terremoto y posterior maremoto que afectó a la central nuclear de Fukushima, provocando un accidente nuclear de gravedad. La carrera se trasladó nuevamente de fecha, a octubre, pero durante mucho tiempo los pilotos se plantearon no correr por temor a la radiación dada la cercanía (125 kilómetros) entre Fukushima y Motegi. Una vez que recibieron garantías de que no había riesgos, aceptaron acudir, y desde entonces nadie ha acusado problemas.

Suspensiones de Grandes Premios: cuando no quedan alternativas

La suspensión de una competición por cuestiones epidemiológicas no es muy común. Fuera de los Grandes Premios, el único caso conocido se produjo en 2001, cuando la epidemia de fiebre aftosa que afectó a Reino Unido provocó la suspensión del Tourist Trophy de la Isla de Man y los célebres Seis Días de Trial de Escocia.

En 2018 la lluvia y las malas condiciones de la pista en Silverstone provocaron la suspensión de la carrera, tras muchas quejas de los pilotos y, especialmente, después del grave accidente sufrido por Tito Rabat, que después de caer fue arrollado en la escapatoria de la curva por otra moto que había caído instantes después de su accidente.

Pero sin duda que la suspensión más célebre de la historia fue la del Gran Premio de Austria de 1980. La carrera, programada para el 27 de abril, se suspendió por culpa de una impresionante nevada caída en Salzburgring cuando ya se encontraban instalados en el circuito los pilotos y sus equipos, a quienes el cambio meteorológico les pilló por sorpresa.

En aquellos días el paddock estaba compuesto de un puñado de caravanas de los más pudientes, e infinidad de tiendas de camping para la mayoría de los privados, y en esa situación tan precaria tuvieron que aguantar una nevada de un considerable espesor. En el circuito, las escapatorias eran irreconocibles, y su estado era impracticable. La lógica impuso la suspensión.

Ese no fue un buen año para los organizadores de Grandes Premios. La primera carrera, Venezuela, fue suspendida por el promotor por problemas económicos, antes de que los equipos viajaran hasta allí. Luego llegó la suspensión de Austria, y meses después Suecia se caía del calendario igualmente por razones económicas. Así, el Mundial solo tuvo ocho carreras, y el 24 de agosto concluyó la competición. Fue un campeonato visto y no visto.

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Texto:

Juan Pedro de la Torre

Fotos:

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