John Britten

John Britten: La luz que brilló el doble

John Britten tuvo una presencia fugaz en el mundo del motociclismo. De hecho, nunca pensó en fabricar motos, y sólo se construyeron diez unidades de sus motos, algunas de las cuales ni siquiera llegó a ver terminadas.

Autor:
Juan Pedro de la Torre
Foto:
Archivo
Publicado el 21/02/2017
John Britten

Un simple vistazo basta para comprobar que una Britten es algo único y diferente. Quizás el hecho de ser neozelandés y vivir en el extremo más apartado del mundo, permitió a John Britten desarrollar  conceptos e ideas de gran personalidad. Britten, como todos los genios, fue un visionario, supo conjugar los conocimientos adquiridos a lo largo de su formación y su experiencia profesional, aplicando conceptos sobre ingeniería, diseño y nuevos materiales, en la fabricación de motos, algo a lo que llegó por casualidad: cuando quiso mejorar su Ducati, y así, en el garaje de su casa, comenzó a experimentar.

John Britten nació en Christchurch, el 1 de agosto de 1950. Siendo niño, construía coches de pedales aprovechando viejos embalajes, hasta que a los doce años compró un motor con sus ahorros y lo acopló a uno de sus bastidores. Después, junto a un amigo, restauró una vieja Indian Scout. Tras terminar el instituto completó cuatro años de ingeniería mecánica y posteriormente trabajó como diseñador para la empresa Crown Crystal Glass, en donde adquirió un amplio conocimiento sobre el empleo de diferentes materiales y diseño mecánico. Y posteriormente trabajó en Gran Bretaña para la empresa constructora de las autopistas M1 y M4, diseñando enlaces y conexiones de vías.

A su regreso a Nueva Zelanda se empleó como ingeniero de diseño para una empresa de maquinaria pesada y equipamiento, hasta que en 1976 empezó a trabajar en la fabricación de hornos para vidrio, convirtiéndose además en un virtuoso del trabajo con este material, destacando además por su acertado diseño y un extraordinario concepto artístico en la elaboración de lámparas de vidrio elaboradas a mano por él mismo.

Se adentró en la industria motociclista de la misma manera que lo hizo con el vidrio: su negocio de lámparas de vidrio fue como consecuencia de su insatisfacción en la búsqueda de lámparas y apliques para decorar su casa… Con las motos le sucedería lo mismo: quiso mejorar su Ducati Desmo 860… y terminó construyendo su propia moto.

Britten V 1000

Aero D Zero y Aero D One

Cuando se casó, en 1982, decidió vender el negocio y fundó Brittco Management, concentrándose en un personalísimo proyecto: Heatherlea, la construcción de un complejo de doce edificios de apartamentos que resultó ser un éxito, y que contribuyó a respaldar económicamente cualquier iniciativa que llevara a cabo.

Fue entonces cuando, por casualidad, en 1985, Britten se encontró diseñando piezas para motos. Tenía una vieja Ducati Desmo 860 con la que solía participar en pruebas para aficionados, y quiso dotarla de un carenado y de una serie de mejoras. Esculpió un molde sobre una plancha de poliestireno  y después aplicó una serie de resinas y catalizadores empleados en náutica con láminas de fibra de carbono, creando un carenado integral en una pieza, un tanto aparatoso pero muy efectivo, que permitía rodar a la vieja Ducati por encima de lo 230 km/h.

En colaboración con Bob Denson y Rob Selby, de Denco Motor, desarrolló la Aero-D-Zero, una Ducati con motor Darmah 900 y chasis Ceriani. A esa primera unidad le seguiría la Aero-D-One, ya dotada de un motor de elaboración propia por Denson y Selby, con un bastidor monocasco realizado por el propio Britten en kevlar y fibra de carbono. Aquellas motos volaban con holgura por encima de los 240 km/h de velocidad máxima.

La Aero siguió evolucionando: en su última versión tenía componentes de competición: una horquilla White Power, frenos AP Lochkeed, y llantas Marvic.
Pero Britten quería algo más personal, más propio, algo que le resultara más satisfactorio. Algo se encendió en su interior, como aquel día que salió a comprar lámparas para su casa… y terminó fabricándolas él mismo. Así nacieron las Britten.

Britten Motorcycle Company

Britten Motorcycle Company no se creó como tal hasta 1992, pero para entonces las Britten ya eran unas motos mundialmente conocidas gracias a su destacado papel en las carreras de la Battle of Twins de Daytona.

Tras la Aero, Britten se dio cuenta de que necesita un motor adecuado para el concepto de moto que quería desarrollar, y optó por realizar un diseño completamente nuevo, elaborando él mismo la mayor parte de sus piezas: neumáticos, frenos, camisas de los cilindros, cambio y embrague, muelles de la suspensión, y diverso componente electrónico eran ajenos. El resto, todo fue diseñado y construido por él.

Britten construyó dos motos: la V1000 y V1100. La primera nació en 1988. Tenía un estrecho motor bicilíndrico en V a 60º de 985 cc y 155 CV de potencia, y carecía de chasis, ya que era el motor el que ejercía como elemento portante, mientras que unas estructuras en kevlar y fibra de carbono conectaban el resto de elementos de la moto. Las suspensiones eran completamente alternativas. El tren delantero estaba encomendado a un horquilla basculante en fibra de carbono con un monoamortiguador, y una dirección por paralelogramos. El tren trasero era un basculante convencional en carbono, con suspensión alternativa, con el amortiguador situado por delante del motor…

Carecía de carenado integral, pero su aerodinámica era extraordinaria gracias a la estrechez de su motor y la ligereza del conjunto. El radiador estaba situado bajo el depósito y el asiento. El tanque de gasolina envolvía las rodillas del piloto por la parte delantera y unos deflectores que llegaban hasta los reposapiés ayudaban a completar la aerodinámica, y así, sin carrocería, la desnudez de la Britten resultaba aún más impactante porque dejaba al descubierto sus formas únicas.

Battle of Twins

En la Battle of Twins en Daytona 1990 Gary Goodfellow y Robert Holden fueron tercero y quinto, respectivamente, lo que sirvió para darle una repercusión internacional a su moto. La reglamentación de los diferentes campeonatos le dejaban muy poco margen para competir, ya que no era una moto que pudiera correr en 500 ni en SBK, y los únicos escenarios posibles para la Britten eran Daytona, el campeonato AMA, y el Tourist Trophy, pero en el inicio de la década de los noventa se popularizaron las carreras para motores bicilíndricos replicando la Battle of Twins de Daytona. Se creó el campeonato BEARS (British, European, American Racing Series), cuya filosofía encajaba perfectamente con Britten.

Gary Goodfellow 1990

En 1991 Paul Lewis fue segundo en Daytona por detrás de Doug Polen y la Ducati 888 oficial preparada por Ferracci. Britten decidió desarrollar un motor más potente de cara a la siguiente temporada. Y así fue como nació la V1100, con motor de 1.108 cc y 171 CV de potencia, y sólo 144 kilos de peso, que sería capaz de rodar a 294 km/h en Daytona. Contaba con una potencia similar a la de una 500 de Gran Premio y sólo pesaba 14 kilos más. El concepto era idéntico a la V1000, pero su motor se había potenciado y mejorado, empleando bielas y válvulas de titanio, aunque seguía dependiendo del cambio de cinco velocidades de Suzuki GS 1100 ET.

El estreno de la V1100 fue en Daytona, en 1992. Andrew Stroud dominaba la carrera con claridad por delante de Pascal Picotte y la Ducati 888 oficial de Ferracci, cuando se rompió la batería a pocas vueltas del final y se tuvo que retirar. Multiplicó su presencia por todo el mundo, y así llegaron sus primeras victorias: Assen y también Manfield, en una carrera de complemento del Mundial de SBK, y en Ruapuna, en una prueba del campeonato neozelandés. En 1993 la Britten es subcampeona en el Nacional de SBK neozelandés en 1993, y al año siguiente suma victorias en diferentes carreras en Nueva Zelanda y Australia, y establece cuatro records FIM: milla lanzada (302,705 km/h), cuarto de milla en salida parada (134,617 km/h), milla en salida parada (213,512 km/h), y kilómetros en salida parada (186,245 km/h). Y se prepara para su gran año.

Britten V5 de 1995

En 1995 ataca por primera vez el campeonato BEARS íntegro, con Andrew Stroud como piloto. Sus motos son segunda y tercera en la Battle of Twins de Daytona, y ganan las carreras BEARS de Daytona, Thruxton, Zeltweg, Brands Hatch y Assen. También la carrera ProTwins de Assen, y la Battle of Street de Paeroa (Nueva Zelanda). La Britten gana el campeonato BEARS, pero John no fue testigo del éxito. A mitad de año se le descubre un melanoma, un cáncer de piel, que acaba rápidamente con su vida, falleciendo el 5 de septiembre, a los 45 años de edad. Desde que la primera Britten vio la luz hasta su prematura muerte sólo pasaron siete años. “La luz que brilla el doble dura la mitad”, decía el replicante Roy Batty encarnado por Rudger Hauer, en la extraordinaria Blade Runner, de Ridley Scott, una frase quizás defina perfectamente la existencia de John Britten.

Las Britten siguieron compitiendo sin él, y su presencia en las carreras se mantuvo activa hasta 1999, cuando sumó su última victoria, en Daytona, en la carrera Sound of Thunder. En total sólo se llegaron a construir diez motos, y tras la muerte de Britten su equipo de colaboradores se encargó de culminar los modelos que quedaron inacabados. El reconocimiento a su obra, aparte de innumerables homenajes por todo el mundo, quedó plasmado con la presencia de una de sus motos en la mítica exposición El Arte de la Motocicleta, que a partir de 1998 fue exhibida en el Museo Gunggenheim, en Nueva York, Chicago y Bilbao.

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