Peligros viaje

Viaje en moto: los peligros de dar la vuelta al mundo

Dar la vuelta al mundo en moto suena muy bonito y utópico… pero entraña una serie de peligros que debes asumir. Muchos puedes preverlos pero la mayoría surgen de manera inesperada en el camino. Con esta pequeña guía de peligros irás mejor preparado en tu aventura…

Autor:
Around Gaia
Foto:
Around Gaia
Publicado el 16/03/2016
Peligros viaje

Dar la vuelta al mundo en moto, una frase de 7 palabras que no tardas más de dos segundos en pronunciar, el sueño de muchos pero la realidad de muy pocos.

Un reto que nosotros no decidimos aceptar de la única manera que concebíamos, en una sola etapa. Salir de casa y no volver hasta visitar todos los continentes y sentir que por fin… tendremos una idea más clara y global de este planeta en el que vivimos. Y ese simple hecho de obligarnos a dar a vuelta al mundo en una sola etapa significa más de lo que pensáis amigos lectores, cualquier peligro u obstáculo que la ruta nos pusiese de por medio habría que aceptarlo, asimilarlo y sobrepasarlo para seguir adelante sin rendirse. En nuestra mente no existe la posibilidad de volver a casa para retomar más tarde el viaje, algo así nos haría sentir como si hiciésemos trampa contra nosotros mismos. Ahora la ruta es casa, y el viaje es vida.

Ya han pasado 3 años desde que hicimos nuestro primer kilómetro, hemos cruzado 40 países llevando nuestra moto por todos los continentes conocidos excepto la Antártida, cuestión de valores. Suficiente como para aprender un par de cosas, que el tema económico no sería el factor que más dolores de cabeza nos daría y que ninguna planificación, por detallada que sea, puede prepararte para enfrentar los riesgos que se esconden detrás de cada curva.

Por eso hoy queremos dedicar este artículo a los 9 elementos más peligrosos que hemos enfrentado hasta el momento, esas batallas con los que algunos llaman monstruos del camino pero que ahora aprendimos que son solo profesores que se divierten poniéndonos al límite. Una forma de recordar lo que ya hemos superado y prepararnos para lo que aún está por llegar.

1. El frío. Cuando decidimos cruzar de Tajikistan a Kirguistan a través de las montañas de Pamir, no teníamos muy claro por qué teníamos que registrarnos en unas oficinas del ejército, más tarde encontramos el motivo. Cuando optas por cruzar unas rutas tan remotas como esas donde sobrepasas con tu moto los 5.000 metros de altura necesitaras que alguien tenga algún registro de tu paso, especialmente si, como nosotros, lo haces entre finales de Noviembre y principios de Diciembre. La temperatura media durante el día será de -10ºC, pero eso son los días despejados, los días que te atrape una tormenta blanca, nieve y viento, sentirás tu cuerpo congelarse a una velocidad inimaginable. El termómetro llegó a marcar 20ºC bajo cero y blanco fue el único color que vimos durante dos semanas. Hoy, después de más de 1.000 días en la ruta, estas montañas todavía siguen siendo la experiencia más dolorosa, temida y emocionante que hemos vivido.

Por suerte, y por una vez esta frase nos viene perfecta, todo se quedó en un susto donde la explosión de los capilares y sangrado por nuestras fosas nasales o la perdida de sensibilidad en la punta de nuestros dedos por unos dos meses pueden ayudaros a tener una imagen lo más gráfica posible del dolor y confusión de aquellos días.

2. Enfermedades Tropicales. Estos días que todos hablan del Zika, tengo que recordaros que no es algo a lo que el viajero no estuviera acostumbrado antes, especialmente cuando lo hacemos por regiones tropicales de este planeta. El Sudeste asiático, Sudamérica o los países caribeños nos presentaron una serie de enemigos invisibles ante los cuales la mejor defensa puede ser el conocimiento y la prevención, y si aun así no logras evitar su ataque, prepárate, va a ser horroroso y tus posibilidades de éxito se limitan a tu condición física y mental. Dengue, malaria y chikunguña son palabras que resonaran en tu cabeza constantemente y que, creyente o ateo, te harán conocer la fe cada vez que te vayas a dormir y desees que Dios, el destino del universo, el karma o cualquier tipo de energía te proteja. Conocerás a mucha gente que las sufrió y seguramente, aunque en un menor grado, tú lo harás también. Las altas fiebres y la pérdida total de energía nos apartó alguna vez de la ruta por unos días, estando a merced del cuidado de la gente del pueblo donde te toque.

3. El viento. Si hubiese que ponerle apellido a esta palabra, solo necesitamos medio segundo para decidirlo, sin duda sería Patagonia. Son muchos días y kilómetros los que estuvimos recorriendo estas tierras del sur argentino, rutas que nos han dejado alguno de los records de este viaje, como los días más largos o la velocidad media más lenta. Cuántas veces nos preguntamos que de donde carajo venía este maldito cada vez que teníamos que batallar para tomar alguna curva. Cada día, al acostarnos después de viajar en la Patagonia, nos sentíamos como si volviésemos de una sesion de 5 horas de gimnasio o de haber acabado de correr una maratón. Las piernas nos tiemblan de tanto apretar el tanque de gasolina y los brazos simplemente nos dolían cada vez que amortiguábamos las sorpresivas ráfagas de hasta 130 km/h. Y antes de quedarnos dormidos, la última imagen en nuestra mente será la de las puntas de los pocos árboles como si quisieran tocar el suelo, lo que te hace pensar, avisándonos de que el día siguiente sería más de lo mismo.

4. Los accidentes. Los accidentes tienen algo muy curioso, pones mucha atención para evitarlos en lugares como las anárquicas rutas de India donde no existen reglas y donde todo vale o cuando vas cruzando la pequeña ruta de tierra con un enorme precipicio a tan solo unos centímetros de tu rueda, pero el día que menos esperas, cuando viajas despacio y tranquilo disfrutando del paisaje alrededor de repente llega, te caes y le rompes la pierna a Ivana. Así nos pasó cuando bajábamos por Los Andes por la famosa carretera austral chilena. Las pobres condiciones en las que se encuentra nos obliga a bajar las revoluciones, intenta no hacerlo cuando son dos personas y unos 60 kilos de equipamiento los que viajan sobre una misma moto, lo que nos venía también apropiado para no sentir tanto frío entre estos fiordos rodeados de glaciares donde llueve 24 horas al día. Pero a pesar de parecer que todo está controlado, nos caemos en una remota y hostil ruta donde el hospital más cercano se encontraba a 300 kilómetros de nosotros. Y llegar allí fue toda una odisea que nos llevo 4 días para que Ivana fuese propiamente atendida. El diagnóstico fue rotura de tibia y peroné y la consecuencia una operación para volver a unirlos con 9 tornillos y una placa. Creo que fue la primera y única vez que la pregunta de volver a casa sobrevoló sobre nosotros, pero Ivana la aniquiló en menos de un segundo con una respuesta tan firme y decidida que incluso asusta. Lo solucionaremos aquí y ahora. El viaje cambió por un tiempo, pero siguiendo la filosofía que tenemos de potenciar las experiencias, después de un mes y medio bajo los cuidados de una hermosa familia que se ofrecio a hospedarnos hasta que la pierna asimilase el titanio incrustado, Ivana agarró sus muletas, la bota ortopédica y decidió viajar hasta Ushuaia cruzando más de 5000 km sola a través de la Patagonia haciendo autostop, esperando a que llegase Manu en las estaciones de bomberos de los pueblos donde pasábamos las noches.

Peligros viaje

5. Vida salvaje. Pensar en las arañas y serpientes del desierto australiano, los lobos de Tajikistan o los pumas en los Andes durante nuestras noches de acampadas, solía sugestionarnos bastante, pero nunca hasta ahora le temimos más a los animales salvajes que el día que cruzábamos la selva de Kerinci en la isla de Sumatra. Durante cuatro horas fue difícil controlar el miedo dentro de nosotros sabiendo que cruzábamos una zona donde se acumulan más tigres que en todo Nepal, o más que China, Laos, Camboya y Vietnam juntos. Y si el hecho de saber eso no fuera suficiente, sucede que la época en la que por allí estábamos era durante el monzón. Las fuertes lluvias torrenciales y las condiciones de la ruta se encargaron de hacer más tétrico, si fuera posible, ese momento.

Lo único que nos alivió fue pensar constantemente en una fuerte convicción que hemos aprendido a lo largo de los años, que los animales son mejores que las personas. Sabíamos que aunque se cruzase en nuestra ruta no iba a tener la maldad para intentar atacarnos, al menos si no estaban hambrientos.

6. El ser humano. Si habéis leído las entrevistas a otros viajeros seguro que todos dijeron que lo que más le sorpredieron fue descubrir que la gente es buena y que está dispuesta a ayudarlos en cada momento. Por supuesto nosotros, después de una vida de viajes que se extiende por 10 años contínuos (los 3 últimos en moto), pensamos lo mismo. Esto no quiere decir que en ciertas áreas del planeta no haya que tener un especial cuidado, concretamente en latinoamérica, una región que conocemos especialmente y donde tenemos algunos de nuestros mejores amigos, pero en la aglomeración de las grandes ciudades, donde son comunes las injusticias, las desigualdades sociales y donde la ignorancia y la mezcla de drogas, alcohol con la caliente sangre latina hace que a veces nos podamos convertir en objetivos de la delincuencia común, especialmente cuando viajamos como nosotros con nuestro aspecto de astronautas y tan caro equipo. Será cuestión de informarse para no estar en el lugar y momento inoportuno, así como de la suerte de tener una ruta despejada para poder acelerar y dejar atrás a los atracadores.

Otros lugares son famosos por el narcotráfico, como el estado de Sinaloa en México o por las guerrillas en las sierras de Colombia, y su reputación te hará sentir como una víctima segura con tan solo poner un pie allí. Aquí de nuevo la información será tu mejor defensa y si haces las preguntas oportunas te darás cuenta que son los lugares más seguros, siempre y cuando no te entrometas en sus negocios. Guerrilleros y narcotraficantes no quieren que el delincuente que se dedica a robar esté en sus áreas, eso solo atrae a la policía y a los medios de comunicación, así que ellos mismos se encargan de mantener la seguridad.

7. La altura. Las elevadas rutas de Pamir solo nos afectaron por el frío, el helado camino y la nieve nos impidió ascender a gran velocidad, lo cual no nos pasó cuando nos encontrábamos en Bolivia. En este país estuvimos bastante tiempo sobre los 4.000 metros, llegando a veces incluso a los 5.000 y fue ese momento en el que conocimos el soroche, el mal de altura. La cabeza quiere explotar dentro del casco y la aceleración cardíaca nos estresa y preocupa. Sabes que la única solución está en bajar el ritmo y adaptar el cuerpo a los nuevos y bajos niveles de oxígeno. Esto elimina el riesgo a un mal mayor. Para el alivio de los sintomas tenemos un consejo de la abuela, masticar hoja de coca y uno del doctor, parar en cada pueblito o aldea a visitar sus centros de salud y enchufarnos por media hora a la botella de oxígeno.

8. La soledad. Si tenemos que elegir una morfología preferida para viajar, elegimos los desiertos, allí donde cada ser viviente es un ejemplo de supervivencia por el simple hecho de nacer y vivir allí. Aunque nos encanta conocer la diversidad de personas en este planeta, también queremos conocernos a nosotros mismos y el desierto nos ofrece la logística necesaria poniendo un extenso terreno entre nosotros y el resto de la gente. Hay muchos que piensan que el desierto es tan solo el lugar más aburrido de la Tierra, pero pocas cosas te harán subir más la adrenalina que saber que estás solo cruzándolo. Desiertos como el de Uzbequistan, la Patagonia, Atacama o en la increíblemente grande y despoblada Australia, donde a cada momento tienes que controlar cada posible y potencial percance, porque sabes que la ayuda está lejos y seguramente nunca llegará.

9. El tiempo. El último enemigo es como una semillita que trajimos con nosotros desde el primer día que fue brotando y creciendo sin que no diésemos cuenta hasta que un día, de repente, es tan grande que nos chocamos contra ella. Es el tiempo que pasamos alejados fuera de los nuestros, fuera de nuestro lugar, familia y amigos que cada vez es mayor y la nostalgia a veces puede ser más dolorosa que cualquier caída, sobre todo afectando a Ivana que extraña a su única sobrina, quién nació solo unas semanas antes de empezar este viaje y a la que está viendo crecer por Skype.

Ya sabemos que este artículo tiene un título llamativo y un texto amenazante, pero no creas que queremos asustarte para que no salgas, todo lo contrario. Queremos que la ruta se llene de viajeros, pero de los autenticos, los que no se dejan asustar, los que tienen una motivación e instinto tan grande que nada los detendrá. Son solo esos autenticos viajeros los que cuya motivación no está en el conseguir seguidores o patrocinios, sino los que aportarán algo que merezca la pena escuchar. Y si eres uno de esos, nuestro mejor consejo que aprendimos por experiencia es que no planifiques ni te obsesiones demasiado por evitar los peligros de la ruta. Solo tienes que saber que estos y otros más estarán ahí en cada momento, intenta conocerlos y respetarlos y con el tiempo ya no verás a las enfermedades, accidentes o cualquier tipo de contratiempo como un problema sino como una oportunidad para reorganizar tu rutina y para ponerte a prueba ante nuevas situaciones que no habías vivido antes.

Los cambios serán la salsa del viaje y los problemas la oportunidad de aprender algo nuevo, incluso idiomas como cuando Ivana aprendió español durante su recuperación en Chile, pero lo mejor que te dejarán cada uno de los problemas serán grandes amigos, hermosas personas que aparecerán para ayudarte a sobrepasarlos dándote el empujoncito y motivación que te hará falta en ese momento. Qué horrible es sufrir los problemas pero qué increíblemente bello es superarlos.

Texto:

Around Gaia

Fotos:

Around Gaia

Publicado el 16/03/2016

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