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Las viejas Honda CB vuelven a hablar el idioma del presente: vuelve el ADN de las CB750F y CB900F en una naked de 1000 cc que mira al pasado sin renunciar al motor y la tecnología actuales.
Hay motos que recuperan un nombre y otras que recuperan una idea. La Honda CB1000F pertenece a la segunda categoría. Su diseño mira directamente a las CB750F y CB900F de finales de los años setenta y principios de los ochenta, pero la moto que llega ahora a los concesionarios europeos está construida sobre una plataforma completamente actual.
El proyecto ha estado dirigido por Takayuki Haramoto, Large Project Leader de Honda y responsable anteriormente de la CB750 Hornet y la XL750 Transalp. Para él, aquellas antiguas CB no son solo una referencia estética. Forman parte de una generación de motocicletas que ayudó a definir lo que debía ser una naked deportiva de carretera.

Las CB750F y CB900F tenían una característica que Honda ha querido recuperar. El depósito, el asiento y el colín formaban visualmente un conjunto, con superficies limpias y una silueta continua. Eran modelos de carretera con una clara influencia de la competición de resistencia y vinculados al legado de la RCB1000. El propio nombre Bol d'Or quedó asociado a aquella etapa.
La CB1000F recoge esa filosofía, aunque sin intentar reproducir aquellas motos pieza por pieza.

El equipo de desarrollo tuvo que resolver una cuestión que va bastante más allá de dibujar una carrocería con aspecto clásico. Las CB originales utilizaban un bastidor de doble cuna, admisión horizontal y una instalación eléctrica mucho más sencilla. La CB1000F parte de un bastidor tipo diamante, admisión de flujo descendente y una electrónica propia de una motocicleta moderna.
El depósito fue uno de los elementos que más condicionó el trabajo. Su forma debía mantener la relación con el asiento y el colín que caracterizaba a las antiguas "F", pero el interior tenía que adaptarse al bastidor y a los componentes de la nueva moto. Honda tuvo que replantear su estructura para poder mantener la imagen exterior sin comprometer la arquitectura actual.

El resultado busca precisamente ese equilibrio. El frontal es compacto y la parte trasera tiene un tratamiento más ligero, mientras que el depósito actúa como elemento de unión entre ambos extremos. No se trata de copiar las formas de una CB750F o una CB900F, sino de utilizar el mismo principio de diseño.
La diferencia se aprecia también cuando se mira debajo de la carrocería. La CB1000F utiliza un motor derivado de la CBR1000RR Fireblade, acompañado por una parte ciclo moderna y sistemas electrónicos acordes con una naked de gran cilindrada.

Honda no planteó el proyecto como un ejercicio de nostalgia. Antes de recuperar los rasgos de la familia F, el equipo de Haramoto definió qué debía representar una CB actual. La respuesta fue una roadster de gran cilindrada, polivalente y fácil de utilizar, pero con una presencia propia de una moto de esta categoría.
Esa idea explica por qué la referencia histórica se concentra principalmente en las formas. Las CB750F y CB900F aportaron el lenguaje visual, mientras que la parte mecánica pertenece a otra generación.
La relación con la competición, eso sí, también está presente en la historia del modelo. Las CB de los años setenta y ochenta incorporaban soluciones desarrolladas a partir de la experiencia de Honda en resistencia, con la RCB1000 como uno de sus referentes. La CB1000F establece ahora su propio vínculo con la competición a través del motor derivado de la Fireblade.

Haramoto conoció aquella época desde otra perspectiva. Cuando Freddie Spencer competía con la CB750 en el Campeonato AMA Superbike de 1981, el actual responsable del proyecto todavía era un niño. Su relación con las CB llegaría después, primero a través de la Monkey de su padre y posteriormente del manga "Baribari Densetsu", cuyo protagonista comienza su historia sobre una CB750F.
Dentro de Honda, la CB750 Hornet y la XL750 Transalp marcaron dos etapas importantes en su carrera. También destaca la influencia de Masatoshi Sato, responsable de esos proyectos y de la CBR1000RR Fireblade.

Cuando se le pregunta qué moto de otra época le gustaría conducir, vuelve a las CB que han servido como referencia para este proyecto. Una CB750 o una CB900F durante su época de competición, no simplemente una unidad clásica en la actualidad. Lo que le interesa es experimentar el contexto en el que aquellas motos fueron concebidas.
Ese matiz resume bastante bien lo que Honda ha hecho con la CB1000F. No ha intentado devolver una CB de los años setenta a las carreteras actuales. Ha tomado sus proporciones, su relación entre depósito y colín y parte de su identidad visual para construir una naked que utiliza un motor derivado de la Fireblade, una arquitectura moderna y electrónica actual.

La CB1000F ya está llegando a los concesionarios Honda de Europa. El resultado recupera una de las etapas más reconocibles de la familia CB, pero lo hace sin convertir la moto en una recreación de época.
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