Honda Epic Tour 2020

Africa Twin Epic Press 2020: Descubriendo Merzouga

Nos embarcamos en un espectacular viaje en moto por el desierto marroquí de Merzouga de la mano de Honda España con las nuevas Honda Africa Twin 2020. ¡Así ha sido en Honda Epic Press 2020!

Autor:
Rodolfo Martínez
Foto:
Francesc Montero
Publicado el 18/02/2020
Honda Epic Tour 2020

La definición de “aventura en moto perfecta” debe tener tres condiciones: un escenario idílico, buenos compañeros de viaje y, por supuesto, una moto. Pues bien, en los 6 días que hemos pasado en Marruecos con la nueva Honda Africa Twin invitados por Honda España, estas tres condiciones han sido elevadas al máximo exponente.

África nos ha brindado el mejor escenario posible, con pistas y caminos de todas tipologías y terrenos, con pistas y caminos de rocas, tierra y arena. Además hemos tenido paisajes de película que nos dejaban sin aliento (y digo de película literalmente, ya que hemos visitado escenarios de La Guerra de las Galaxias o La Momia), pasando de surcar vastas extensiones de terreno sin rastro de vida humana a pequeños pueblos de adobe llenos de gente por las calles.

Como compañeros de viaje hemos tenido a toda la prensa española especializada, con todos los medios nacionales presentes haciendo un caravana de 12 Africa Twin rondando en grupo. Con ellos hemos vivido mil anécdotas y momentos, a cada cual más divertido y estrambótico, tanto encima de las motos como explorando pueblos y ciudades, con algún susto de pilotaje incluido también.

La moto elegida para esta especial ocasión ha sido la nueva Honda Africa Twin 2020 -en el enlace podés leer la prueba y disfrutar de más fotos de Francesc Montero- y fue perfecta para este cometido, demostrando altísimo equilibrio entre prestaciones On y Off Road, siendo este balance de capacidades, probablemente, el más alto de su categoría, haciendo de Marruecos su hábitat natural.

Marruecos

Esta ha sido mi primera vez en Marruecos, y tengo que decir que es África con todas las letras. Si bien, las ciudades más europeizadas como el caso de Fez (conocida por ser la capital cultural del país), tienen mezcladas zonas que son un mundo muy diferente al que estamos acostumbrados, con construcciones y las calles modernas que ocupan gran parte de la ciudad, lo que hace que el choque de culturas se vea a cada paso. Y es que está situada al noreste de Marruecos, pero bastante hacia el interior desde la costa norte de África, pero si dibujáramos una línea recta en el mapa trazada desde Marbella está solo a 275km.

Los barrios de calles amplias con construcciones más modernas se tocan con casas y construcciones de siglos atrás, con callejuelas laberínticas y olores extraños. El Barrio Judío o la Medina de Fez son mundos aparte, muy diferente a todo lo que hayáis podido ver en Europa.

Honda Epic Tour 2020

Y este choque no solo ocurre en la arquitectura, pasa en las personas, en la forma de pensar, en la vestimenta -mujeres vestidas con burkas se mezclan con las más modernas a la moda actual occidental. Aquí se encuentran dos civilizaciones, dos religiones, dos concepciones de ver el mundo muy diferentes.

Las sensaciones iniciales al vernos metidos en un mundo tan diferente, por lo menos por mi parte, son de incomodidad. El primer día no llegue a estar relajado al 100%. Esta arquitectura, el caos de la gente en las calles y el curioso tráfico con todo tipo de medios de transporte (coches, Mobylettes, burros, motocarros de tres ruedas, bicicletas antiquísimas,…) unido a las rudas caras de los marroquíes, de pieles curtidas por el sol, ojos hundidos y miradas profundas son, de primera, algo inquietantes.

Pero lejos de apariencias y prejuicios, todas y cada uno de las personas que nos encontramos nos trataron de forma sumamente cordial. Los niños y las personas que nos cuentan hace años avasallaban a los turistas son ahora los menos, siendo pocas las veces en las que nos vimos en esta situación.

Después de una noche en Fez volamos a Er-Rachidia, cruzando la cordillera del Atlas y alejándonos de la zona norte del país y de este punto de encuentro de civilizaciones. Desde el avión vemos cumbres nevadas y pequeños pueblos totalmente de adobe, completamente marrones, unidos por caminos de tierra. El paisaje es ahora completamente desértico.

Desde el aeropuerto de Er-Rachidia (de una sola pista y al que solo llega un vuelo al día) emprendemos el viaje, repartidos en coches todoterreno, a nuestro hotel situado en Erfoud. A medio camino hacemos una parada para comer en palmeral de Tizimi, el segundo oasis de palmeras más grande del país, que nos muestra el primer paisaje curioso del viaje. Un antiguo cauce de río en forma de grieta de unos 100 metros de altura y 12 kilómetros de longitud, horadada en una planicie completamente seca. Allí nos tienen preparados una tajines (hoyas de barro con tapa cónica) de carne con verduras exquisitos, que degustamos con vistas al valle del palmeral.

Nos advierten que no debemos beber agua del grifo, ni si quiera podemos comer lechuga o tomate lavados con agua corriente e incluso evitar tragar algo de agua en la ducha, ya que nuestra flora intestinal no está acostumbrada a estas bacterias y tendríamos problemas estomacales severos. He de decir que teniendo unas mínimas precauciones no tuvimos ningún problema ninguna de las 18 personas que componíamos la expedición.

De camino a Erfoud cruzamos pequeñas poblaciones de casas de una o dos alturas, la mayoría de adobe, por lo que las fachadas son marrones o, como mucho de un blanco tenue, muy acorde con el paisaje. Las calles están llenas de gente andando o simplemente sentados contemplando el paisaje. Aquí la presencia de bicicletas y motos pequeñas antiquísimas, burros y carromatos es continua. Además casi todos van vestidos con chilabas con capuchas en diferentes tipos de marrones, lo que termina de dar el toque de entorno completamente diferente. Pero aquí no tengo esa sensación de incomodad como en Fez con la mezcla de culturas, al llegar aquí ha quedado disipada por completo, ya que estamos completamente inmersos en un mundo totalmente diferente. Aquí comenzamos a sentir que empezamos a vivir la aventura africana real.

A nuestra llegada al Hotel Xaluca nos reciben con las vestimentas típicas de los bereberes, uno de los pueblos que habitan la zona norte de África desde hace siglos, con unos músicos tocando música tradicional. Según nos cuentan este hotel es el centro de operaciones de muchos equipos del Dakar, tanto motos como coches, y que de no ser porque se estaba disputando justo el Dakar 2020 en esas fechas seguro habría allí algún equipo.

El hotel está situado a las puertas del desierto de Merzouga, que es un escenario perfecto para entrenar Rally-Raids. Caminos pedregosos, pistas de cientos de kilómetros, arena y dunas,… Además aquí todo está permitido en lo que se refiere a circular fuera de carretas, y hay disponibles tracks de antiguas etapas de Dakares de años atrás. Tampoco hay Ley de Montes ni nada parecido, no hay límites a la imaginación de lo que quieras hacer. Aquí el límite lo pone tu sentido común, ya que tanto las comunicaciones por carretera como los hospitales son pocos y precarios, por lo que menos puede querer alguien es tener aquí un accidente de ningún tipo.

El desierto

Después de pasar la noche en el hotel salimos por la mañana temprano, hace mucho más frio de lo que pensábamos, ¡-1º! Hasta las 12 de la mañana no empezamos a estar cómodos con la temperatura. Una vez montados en las Africa Twin nos adentramos en carretera, atravesando pueblos en los que nos siguen sorprendiendo la cantidad de gente en las calles. Muchos desplazándose pero otros muchos simplemente están, conversan, miran. Al igual que las chilabas con capucha estilo Jedi en los hombres, vemos mujeres con burkas, pero estas igualmente se mezclan con vestimentas occidentales, y siempre vemos más hombres que mujeres.

Abandonamos la zona de pueblos y llegamos a la primera pista que nos llevará hacia la Cárcel Portuguesa; antes de empezar paramos para reunir al grupo y, después de 10 minutos en moto por carretera desde la última vez que vimos coches o personas, y parando en un paraje en el que aparentemente no había nadie, en menos de 30 segundos aparece una persona con una bicicleta de hace 40 años vendiéndonos fósiles. Me quedo muy sorprendido pero el resto del grupo me dice que es normal y que esto va a pasar más veces. Y así era. Podíamos estar aparentemente en un sitio sin nadie a cientos de kilómetros y de repente aparecían diferentes tipos de hombres, mujeres o niños mostrándonos sus tesoros para que los comprásemos. No es que pasara siempre que parásemos, pero cuando pasaba era realmente sorprendente.

Al llegar a la llamada “Cárcel Portuguesa”, nos encontramos nuestro primer paisaje de película -fue uno de los escenarios de La Momia-, un gran muro de pidra que cierra el acceso a la parte alta de un acantilado. El nombre es un poco ambiguo porque al parecer no era realmente una cárcel. Según nos contaron puede ser que se construyera como presa para la recogida de agua, pero al construirlo esclavos negros que luego eran trasladados a Portugal, se quedara después con ese nombre.

Pasamos el muro y subimos por un camino algo roto hasta la parte más alta, donde apareen ante nuestros ojos unas vistas de película. Un valle plano enorme con unas formaciones muy curiosas nos muestran otro escenario de película, ya que aquí es donde se rodó la carrera de vainas de La Guerra de las Galaxias.

Este lugar es un sitio de visita obligado ya que tanto la espectacularidad de los paisajes como las fotos que nos llevamos de aquí son realmente increíbles.

Después de la foto obligada con vistas al acantilado comenzamos realmente la ruta y empezamos a disfrutar de la moto. Nos movemos por grandes rectas lisas de terreno duro y seco, con árboles solitarios y ondulaciones en el terreno a modo de colinas desérticas, donde podemos ir con el gas abierto durante largo tiempo, alternándose con secciones más reviradas, pasando de zonas rápidas de sexta a medio gas con zonas lentas a modo de chicanes. La estabilidad y la capacidad de trabajo de las suspensiones de la Africa Twin 2020 en esta primera parte son los dos puntos que más sorprenden. Tanto yendo a altas velocidades como pasando baches de todos los tamaños y colores a un ritmo alto, las suspensiones se comían todo, sin topes y trabajando a la perfección.

Después de la parada para comer ponemos rumbo a las dunas de Erg Chebbi por la parte norte, donde haremos noche en las haimas del Madu Desert Camp, cerca de la Gran Duna. Todo el trayecto desde la comida es muy parecido a lo anterior pero al llegar a las puertas del recinto al atardecer, nos encontramos con un tramo de arena profunda y suelta que puso en apuros a la mayoría de la expedición. Hicimos una entrada en el recinto apoteósica, con las Africa Twin levantando arena ayudándonos unos a otros. Risas y esfuerzos se mezclaban en una lucha por avanzar los últimos metros hasta el preciado descanso después de una jornada de más de 250km fuera del asfalto.

Ya en la cena dentro de la haima principal, todo son risas y comentarios de todas las batallas vividas por el día. Hay algunos compañeros de prensa magullados físicamente pero todos estamos pletóricos por las sensaciones vividas. Terminamos alrededor del fuego ya bien caída la noche, antes de irnos a nuestras respectivas haimas a descansar para el día siguiente.

Las dunas

Cuando nos levantamos por la mañana algunos de los compañeros de prensa deciden mejor no salir por cansancio o dolores de diferente tipología, ya que este segundo día se prevé más duro y con partes de arena y, después de la batalla vivida el atardecer del día anterior, prefieren no aventurarse.

El segundo día de ruta comienza con la misma tipología de pistas y caminos que el día anterior. Pasamos por el pueblo minero abandonado de Mfis que tiene un aspecto ciertamente tétrico por las formas en las que se quedan las casas de adobe desechas por las lluvias y el tiempo. Desde aquí vemos la frontera con Argelia situada a pocos kilómetros en línea recta. Después de esta parada el guía me permite ir el primero abriendo pista, ya que todos llevamos GPS no hay peligro de perderme y, con un punto de parada definido para reagruparnos, el plan es perfecto para mí, ya que cerrando el grupo el día anterior, aun dejando mucho espacio hasta coger al grupo el polvo había tramos muy incómodos.

Con toda la pista para mí comienzo a navegar con el GPS a un ritmo medio-alto. Cuando introducimos el factor navegación -aunque sea con GPS, mucho más fácil que el Roadbook- el pilotaje cambia teniendo que dedicar tiempo a prestar atención por donde estamos yendo y a dónde tenemos que ir, pero es todo un disfrute hacerlo. El factor aventura se multiplica y, llegar a intercesiones, comprobar la ruta y volver a abrir gas es una sensación extraordinaria con muchos pluses añadidos. Además el tipo de terreno ha cambiado y aparecen caminos de arena dura compactada de curvas rápidas de 2ª-3ª, que hacen la mejor parte del viaje en lo que a disfrutar de pilotaje se refiere.

Aquí además vemos la facilidad de uso del motor de la  Honda Africa Twin 2020, con una linealidad y suavidad excelentes que nos permiten hacer curvas continuas derrapando de principio a fin, con un chasis y unas suspensiones que nos permiten una entrada en curva y una capacidad de corrección que nos sorprenden en una moto de este volumen.

En este tramo me paro un par de veces para quedarme con el motor apagado silencio y disfrutar se la sensación de soledad en semejante paisaje, esperando a ver en el horizonte el polvo de los compañeros acercándose. Este tramo en moto es, sin duda, una de las mejores experiencias en moto de mi vida por el conjunto de sensaciones que lo componía. Tanto por los paisajes y el entorno, como por el tipo de curvas, agarre y comportamiento de la moto. Enclavado además en un viaje de estas características fue el clímax de esta experiencia.

El punto de encuentro en el que debía esperar al grupo era un picnic enclavado en una colina lisa y seca de rocas sueltas, desde las que las vistas eran espectaculares, con los paisajes desértico pedregoso y de arena de dunas claramente diferenciados.

Una vez reunido todo el grupo nos dirigimos al Riad Madu, donde pasaríamos la noche. Por el camino nos encontramos con camellos sueltos, y algún tramos de fes-fes, llegando al hotel a la hora de comer.

Después de comer nos dirigimos a las dunas para la última sesión de fotos y, como sorpresa llevan una Honda CRF 450 L, la cual en cuanto me dan vía libre cojo para dirigirnos a la arena. Allí, mis primeras dunas en moto me parecieron una auténtica delicia. ¡Es como esquiar en nivel polvo hacia arriba! Además puedes marcar tu trazada y tu camino con infinitas posibilidades. Marcas un punto al que quieres con la vista y es todo estilo libre hasta llegar allí. Puedes utilizar las dunas como peraltes, atravesarlas, saltarlas,… es total y absolutamente la definición de un parque de juegos para moto.

Cuando cogemos la Africa Twin no nos aventuramos a meternos muy dentro de las dunas ni a hacer pendientes muy inclinadas, porque el peso es algo muy determinante en la arena. En cuanto cortamos demasiado pronto el gas o cerramos demasiado el giro tenemos que poner mucha atención para que no caiga el tren delantero. Por esto no nos alejamos mucho del grupo mientras hace las fotos y vamos por zonas no demasiado inclinadas, donde podemos disfrutar mucho también, sin llegar claro al nivel de la Honda CRF 450 L.

Estos juegos en la arena ponen el punto final a este increíble y enriquecedor viaje de aventura en moto y de conocer otra naturaleza y otra cultura alejada de todo lo que puede sernos familiar en Europa. Después de este viaje vuelves a la oficina con unas sensaciones de vida muy distintas, recordando la felicidad de los niños que no tienen nada, las casas de adobe, las infraestructuras que disponen y el entorno en el que viven. Todo habitante europeo debería conocer este otro mundo, y a ser posible a una edad temprana.

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Texto:

Rodolfo Martínez

Fotos:

Francesc Montero

Publicado el 18/02/2020

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