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Cómoda, deportiva y fácil de conducir. La Honda CBR400R E-Clutch reúne argumentos de sobra para triunfar más allá de Japón y hace inevitable preguntarse por qué no se vende en Europa.
No todas las motos con carenado y semimanillares están pensadas para buscar la última décima en circuito. Desde hace años, la Honda CBR400R sigue una receta diferente. Mantiene una imagen claramente deportiva, pero apuesta por la facilidad de conducción, la versatilidad y un comportamiento accesible que la han convertido en una de las propuestas más completas del catálogo de Honda en Japón.
La llegada del sistema Honda E-Clutch encaja perfectamente en esa filosofía. Y lo más interesante, según explica nuestro colega Hiroki Kitaoka en Young Machine, es que sus ventajas no se limitan al tráfico urbano ni a los desplazamientos cotidianos.

Cuando Honda presentó el E-Clutch, muchos aficionados lo interpretaron como una tecnología pensada principalmente para simplificar la conducción diaria. Al fin y al cabo, permite arrancar, detenerse y cambiar de marcha sin necesidad de accionar la maneta de embrague.
En ciudad se agradece desde los primeros kilómetros. Las maniobras resultan más sencillas, los semáforos dejan de ser una preocupación y la conducción se vuelve más relajada. Sin embargo, tras probar la moto, Kitaoka sostiene que el verdadero potencial del sistema aparece lejos del tráfico.
Es en una carretera de curvas donde el E-Clutch empieza a mostrar una faceta menos evidente.
Kitaoka explica que la tecnología permite concentrarse más en la trazada y menos en las acciones mecánicas asociadas al cambio. Las reducciones resultan más fluidas, las transiciones entre marchas son más naturales y el piloto puede centrarse en mantener el ritmo. La sensación no es la de una moto menos deportiva. Más bien ocurre lo contrario.

Honda ha conseguido que el sistema aporte comodidad sin desconectar al piloto de la conducción, algo que no siempre resulta fácil cuando entra en juego la electrónica.
Sobre el papel, los 46 CV del bicilíndrico pueden parecer una cifra discreta. En marcha, la historia es bastante diferente.
Buena parte del atractivo de la CBR400R reside en cómo entrega la potencia. El motor responde con contundencia desde medio régimen y permite disfrutar de una conducción rápida sin necesidad de exprimir constantemente cada marcha.
Según Kitaoka, es precisamente ese carácter lleno y aprovechable el que hace que la moto resulte tan satisfactoria en carreteras secundarias. El E-Clutch no transforma su personalidad. Simplemente permite disfrutarla con mayor facilidad.

Al mismo tiempo, la ergonomía sigue siendo una de las grandes bazas del modelo. A pesar de contar con carenado integral y semimanillares, la postura de conducción resulta mucho más amigable que la de una supersport convencional. La altura del asiento, fijada en 785 mm, también contribuye a transmitir confianza en maniobras y detenciones.
La gran virtud de la CBR400R es que no obliga a elegir. Puede utilizarse a diario para ir al trabajo, afrontar una escapada de fin de semana o disfrutar de una carretera de montaña sin que ninguna de esas facetas penalice especialmente a las demás.
Esa capacidad para hacerlo todo razonablemente bien ha sido siempre una de sus señas de identidad. La incorporación del E-Clutch no cambia la esencia del modelo, pero sí facilita aún más la experiencia de conducción y amplía su atractivo para un público más amplio.
La actualización también trae consigo una nueva opción estética. Junto al tradicional Grand Prix Red aparece el acabado Matte Ballistic Black Metallic, una decoración más sobria que encaja especialmente bien con el carácter maduro y polivalente de la CBR400R.

Tras probar la nueva CBR400R E-Clutch, Hiroki Kitaoka tiene claro que Honda ha acertado al incorporar esta tecnología a una de las motos más versátiles de su catálogo.
La nueva versión conserva todas las virtudes que ya conocíamos. Sigue siendo cómoda, accesible y suficientemente deportiva cuando la carretera se complica. La diferencia es que ahora exige menos al piloto para ofrecer lo mismo.
En una época en la que muchas motos parecen diseñadas para impresionar con cifras cada vez más elevadas, la CBR400R continúa apostando por una idea mucho más sencilla. Ser una moto capaz de acompañar al piloto prácticamente en cualquier situación. Una fórmula que quizá no destaque por un dato concreto, pero que sigue funcionando mejor que muchas propuestas más radicales.
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