Viajar en moto, desafío África

Viajar en moto | Desafío África: de Etiopía a Ciudad del Cabo

Viajar en moto 15.000 kilómetros por el este del continente africano para poner a prueba la Ducati Scrambler surgió como un reto. Y si además, le sumamos otro: conseguir perforar un pozo de agua en Etiopía, el desafío África 15.000 estaba servido.

Autor:
Alicia Sornosa
Foto:
Alicia Sornosa
Publicado el 18/03/2019
Viajar en moto, desafío África

Sí, llegar hasta el sur del continente africano sería la prueba de fuego para mi y mi moto: nada de motos trail, nada de comodidad ni gran capacidad de almacenaje; se trata de explorar al estilo antiguo: con motos sin dotación tecnológica, al estilo de los años sesenta. Esta vez viajaría acompañada de otro rider, Black (que es su nick), en la Ducati Scrambler Desert Sled.

Una prueba extrema para ambas motocicletas, que sin ser modelos de trail van a realizar un viaje de más de 14.000 km.  En la última etapa por Sudáfrica y Leshoto se unirá otro rider, el viajero Polo Arnaiz… pero eso será más adelante. Además, visitaré dos de los países que ya conocí en mi vuelta al mundo: Etiopía y Kenia, esta vez cinco años después.

Viajar en moto, desafío África

Un reto solidario: La importancia del agua.

Cómo no puede ser de otra manera, me embarco en este desafío con un reto aún más grande: conseguir a través de las RRSS que mis seguidores dejen algo de dinero para la perforación de un pozo de agua en Etiopía. Unos pozos que construye la ONG “Amigos de Silva”  con su propia perforadora (ahorrando un montón de costes). Entre otros beneficios conocidos por tener agua limpia hay uno que me importó muchísimo: los pozos se perforan en colegios o misiones (eso hace que estén cuidados y que se mantengan), evitando que las niñas -que son tradicionalmente las encargadas de llegar el agua a casa día tras día- carguen con más de 14 kilos a sus espaldas y caminen más de 20 km al día. Utilizando ese tiempo en ir a la escuela, aprendiendo a leer y escribir, saliendo del “cole” con el agua y con un futuro mucho mejor en cientos de aspectos.

Los responsables de Ethiopian Airlines en España (compañía que estrena linea directa desde Madrid hasta Addis Abeba, capital del país) se entusiasman con el reto de llevar en la bodega del avión dos motos españolas “a la conquista de una parte del continente africano”. Así que motos en sus cajas y salimos volando…

Del lago Tana hasta Gublack

Pese a que la burocracia y los papeleos de entrada de las motos se hacen pesados, en tres días estamos rumbo al este del país. Primero visitaremos el Lago Tana, rodeado de las iglesias centenarias y cientos de pequeños caminos por los que llegar en moto. Saliendo desde la capital el camino se hace pesado, por las carreteras siempre hay muchos camiones y algunas están muy faltas de mantenimiento, las horas discurren interminables y el calor es sofocante. Tras una dura jornada de 560 km, llegamos a Bahir Dar.

Pero no todo va a ser fácil: Llegar hasta la peninsula de Zege se convierte en toda una aventura.

Al principio las pistas son anchas, muy polvorientas, son las vías principales entre los poblados. Pero a escasos 20 metros del monasterio tenemos que abortar: el sendero se estrecha y los cantos incrustados en la pista se hacen más grandes, la altura de mi Urban Enduro no me permite continuar sin riesgo, y es que queda aún mucho viaje.

La visita al monasterio de Ura Zidane Mihret lo acabamos haciendo a pie. Las motos en medio del estrecho camino nos esperan hasta el regreso. En el monasterio la sensación es de haberme trasladado a otro tiempo, a la edad media en la que los monjes dedicaban su tiempo a la pintura y el rezo, las mujeres andaban descalzas y los hombres trabajaban el terreno.

Etiopía sin duda tiene ese encanto de saber que fue el origen de la humanidad...

A la mañana siguiente tenemos que  desandar unos 80 km por carretera y tomar una de las pistas que nos llevará hasta Gublack, a escasos 200 km al este con la frontera de Sudán del Sur. Allí nos esperan dos personas de la ONG “Amigos de Silva”, para comenzar la perforación de uno de los pozos. Y como esperábamos los últimos kilómetros de pista nos entretienen más de tres horas. Es un camino que está siendo utilizado por gigantescos trailers que llevan piezas monumentales para la construcción de una presa que está haciendo el gobierno etíope que venderá electricidad a los países fronterizos. El polvo, los agujeros, los camiones, el calor… la ducha fría con la que nos encontramos en la misión donde nos dejan una habitación me sabe a gloria bendita…y mañana temprano, a perforar.

Después de tres días de polvo y trabajo sin parar y a más metros de profundidad de lo previsto, el agua sale a la superficie. Ha sido duro, lo he vivido. Los niños del colegio, las madres con sus pequeños a la espalda y los bidones entre las manos, los más mayores mirando siempre a través de las vallas del recinto tienen su deseado pozo. Es hora de partir, nos queda un largo camino hacia el norte. Queremos llegar a Dangla atravesando una montaña y aún no sabemos con lo que nos vamos a encontrar…

La caída en la montaña de Dangla

La hazaña de cruzar por la montaña (sin nada de asfalto y todo de piedra y tierra) se saldó con un moratón enorme en el muslo, un golpe en la cabeza parado por el casco y el pedal de cambio de mi moto dañado (pero no roto). Además de la pérdida de la matrícula que se soltó del soporte y unos cuanto tornillos de menos para sujetar las protecciones del motor.

Toda una odisea en la que mi compañero de fatigas, Black y su Desert Sled tuvieron que esperar, ayudar, levantar mi moto y animarme mucho para que fuese capaz de continuar con la Ducati cargada por esos pedregales con un desnivel del 45% y curvas perfectamente cerradas. Sin embargo con la Desert, al tener mayor altura y suspensión (aunque ésta un poco dura, se quejaba Black), la tortura no fue tal y comprobamos in situ que de nuevo penaliza mi altura y la de las motos que puedo conducir. Desde Gublack a Dangla, La Libela y de allí a Addis para comenzar el camino hacia Kenia.

Fueron unos 1500 km, de los que 300 fueron por pistas y otros 500 por carreteras deshechas llenas de agujeros.

Pinchazo: La aventura está servida

En la capital pudimos descansar de nuevo y retomar fuerzas. Desde la capital hasta los lagos de Awasa el camino fue sencillo… o eso creía que iba a ser. En los viajes nunca suceden las cosas como una quiere y lo bueno de esto es que se forma así lo que llamamos “aventura”; una sucesión de eventos que no controlamos. Unos kilómetros antes de Awasa, la Desert se queda sin aire en la rueda trasera. El neumático no estaba gastado como para pinchar y me extrañó mucho que se deshinchase. Además, no tenía ningún clavo en el Pirelli MT que monta…

Casualidad: Nos detenemos justo a la entrada de la población frente a un lugar donde arreglan neumáticos.

Desmontamos la trasera de la Desert y conseguimos arreglar lo que pasaba: cámara rajada por el desplazamiento de los protectores de los radios. Reforzamos y seguimos…pero aquí no acaba la cosa. ¡Nos han montado la cubierta con tan mala suerte que ha quedado rajada! Pese a “arreglarlo” con unas bridas, sabemos que tenemos que encontrar una cubierta nueva.  Esto sí es un problema.

Mientras comemos algo pongo en marcha todo un mecanismo de ayuda. Llamo a los responsables de Ethiopian Airlines en España, que gustosos nos ayudan. Tenemos la suerte de que uno de ellos llega en dos días a Addis desde Madrid.

Además se ofrece a traernos el neumático, camuflado como maleta de pasajero, para que no nos cobren la importación.

Un amigo de Madrid recoge en el taller de Angel de la Cruz, el neumático que Pirelli España nos suministra rápidamente y se lo lleva al aeropuerto. Mientras yo acampo al lado del lago, Black marcha en mi Scrambler a Addis (otras 4h de vuelta) para dormir allí y de madrugada recoger el neumático y regresar. En dos días estamos de nuevo en marcha.

Camino a la frontera

Lo mejor para mi estaba por llegar; iba a recorrer la fatídica pista en la que sufrí tanto durante mi vuelta al mundo: la Moyale Road.  Pero antes de llegar hasta la frontera con Kenia, continuamos el camino hacia el este, para llegar en dos días y por una carretera impecable hasta Yabelo.

El paisaje es una mezcla de lagos y planicies inmensas. El cruce de caminos, donde tomamos el principio de la Moyale, es en Yabelo. Algo peor de asfalto, trozos de pista polvorienta, pero con los días justos antes de que caduquen los visados, llegamos a la frontera. Como esta parte de Etiopía es musulmana y de 12 a 14 no se trabaja, la frontera está cerrada. A cambio conseguimos valiosa información sobre pistas, campings, precios y comidas al encontrarnos con un viajero sudafricano esperando para pasar al otro lado. Hemos recorrido unos 5.000 km por Etiopía y esto no ha hecho más que empezar.

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Texto:

Alicia Sornosa

Fotos:

Alicia Sornosa

Publicado el 18/03/2019

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