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La Benda Chinchilla 500 estrenará una nueva generación con un motor de 54 CV, opción de embrague automático, una imagen renovada y un equipamiento tecnológico que gana protagonismo.
En apenas unos años, los fabricantes chinos han pasado de competir principalmente por precio a hacerlo también por diseño, equipamiento y tecnología. Benda es uno de los ejemplos más claros de esa evolución y la próxima generación de la Chinchilla 500 lo confirma. La marca prepara una profunda actualización de su cruiser de media cilindrada con un motor más potente, un sistema de embrague automatizado y un diseño revisado.
La nueva Chinchilla ha aparecido en la documentación de homologación registrada en China, un paso que suele anticipar su lanzamiento. Entre las novedades destaca la posibilidad de equipar un sistema de embrague automático de funcionamiento muy similar al Honda E-Clutch, una tecnología que comienza a abrirse paso también entre las motocicletas de media cilindrada.
La moto mantiene la maneta de embrague y el pedal de cambio convencionales, pero incorpora un actuador electromecánico capaz de accionar el embrague automáticamente. De este modo, el conductor puede iniciar la marcha, detenerse o cambiar de velocidad sin utilizar la maneta izquierda, aunque siempre podrá recuperar el control accionándola de forma manual. La documentación también confirma que seguirá existiendo una versión equipada con embrague convencional.
La incorporación de este sistema demuestra cómo soluciones pensadas para simplificar la conducción empiezan a extenderse más allá de los modelos de mayor cilindrada y precio.

La actualización también alcanza al motor. El bicilíndrico en V aumenta su cilindrada hasta los 500 cc gracias a un incremento de la carrera de los pistones, lo que permite elevar la potencia desde los 47 CV del modelo actual hasta 54 CV. Sobre el papel, esta evolución debería traducirse en una respuesta más enérgica, especialmente en aceleraciones y recuperaciones.
El apartado estético también cambia. La Chinchilla adopta un guardabarros trasero más largo, un escape con un silenciador a cada lado y un nuevo faro inspirado en el de la Benda LFC700. El rasgo más llamativo son las inserciones con acabado que imita la madera en el depósito y el guardabarros trasero, un recurso poco habitual que aporta una identidad propia a esta cruiser.
Benda todavía no ha confirmado la fecha de lanzamiento ni los mercados en los que estará disponible esta segunda generación. Sin embargo, su aparición en los registros de homologación indica que su presentación oficial podría producirse en los próximos meses.
Más allá de las novedades de la Chinchilla 500, este modelo refleja la evolución de los fabricantes chinos, cada vez más centrados en desarrollar motocicletas capaces de competir por diseño, tecnología y equipamiento con las propuestas de las marcas tradicionales. Su precio y su futura disponibilidad en Europa serán dos factores determinantes para medir el alcance de esta nueva apuesta de Benda.
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