El niño de la curva

Las cosas bien hechas

Pipe Hinojosa
25/02/2021
En este último número de Moto1pro os escribo sobre la moto de mis amores, mi adorada Honda CB1300, y de cómo la traicioné. También os quiero contar cómo me gané su perdón.

Cuando vendes una moto y la vuelves a comprar, arrepentido tras haberla dejado en manos de un desalmado que la aparcaba en la calle, no regresa en el mismo estado en que se fue. Me precio de cuidar mis motos, desde cumplir antes de tiempo los intervalos de mantenimiento, hasta no exigirlas jamás en frío. Por supuesto, duermen siempre en garaje.

Cuando mi CB volvió a mis manos, funcionaba igual de bien que cuando se fue, pero presentaba alteraciones estéticas. Además del botón de pare, anaranjado en lugar de rojo por efecto del sol, ciertas partes habían perdido su aspecto “como nuevo”, entre ellas el tapón del depósito y la tapa del embrague. Los botones SEL y SET del cuadro de mandos no funcionaban. No es grave, pero no puedo cambiar la hora (totalmente desfasada), consultar parciales ni la temperatura del agua. Cambiar todas esas partes por piezas originales supone un pastizal indecente y no estoy dispuesto a gastarlo mientras no afecte a la alfombra voladora.

Alrededor de 2015 recibí un excel con una lista de motos que vendía un coleccionista de Barcelona. Tenía por costumbre comprar varias motos nuevas al año, pero no las matriculaba para ahorrarse el impuesto de matriculación. Con el cambio a la Euro3, se le quedaron colgadas unas 30 o 40 motos nuevas (Euro2 o anteriores) sin matricular que, con la nueva legislación, nunca podría matricular, así que las puso a la venta a un precio escandalosamente bajo. En esa lista había una CB1300 idéntica a la mía, pero con menos de 1000 kilómetros. Estaba impoluta. La compré por una sexta parte de su precio nueva, con la intención remota de buscar un subterfugio para matricularla y en su defecto, aprovechar las piezas novísimas para dejar la mía como nueva. Un familiar la vio en Barcelona y me dijo que estaba nueva (él se compró otra de la lista).

Cuando llegó la moto a Madrid no me lo podía creer, estaba a estrenar. El caso es que tardé poco en darme cuenta de que no podría matricularla jamás en España, así que me planteé aprovecharla. No pude resistirme a compararlas. El primer día que las puse en paralelo me llevé una sorpresa. Al arrancarlas, sonaban idénticas. Yo ya había llevado un par de veces la moto al taller para hacerle las válvulas y las dos veces me dijo el mecánico que no era necesario, que estaban como nuevas. Ese día, con las dos motos emparejadas, pude constatar que era verdad. Sí noté que la dirección de la nueva iba mucho mejor, sin duda debido a que los rodamientos de dirección estaban inmaculados. Pero la sorpresa vino en marcha: la “mía” iba mejor, más suelta, más agradable.

No tenía sentido aprovechar el motor de la nueva porque me gustaba más el mío y tampoco tenía sentido mantener las dos motos, porque ambas son irrompibles. Es verdad que podía aprovechar las piezas relucientes y traspasarlas a mi moto. Pero planteaba una dificultad: si es complicado deshacerse de una moto que no se puede matricular, más aún lo es si tiene piezas viejas y desgastadas. Tampoco es una moto fácil de vender por piezas, porque no hay demanda de las mismas. Me la tenía que quitar entera. Entonces recordé mi deslealtad con mi CB cuando la vendí. Rápidamente me di cuenta de que mi CB iba mejor que la nueva y que me gustaba así, con sus defectos, porque son parte de nuestra historia. Resolví quedarme mi CB tal y como estaba; eso sí, cambié el rodamiento de la dirección y el kit de arrastre. Fue como estrenar moto de nuevo.

Al final subasté online la CB nueva. La compró por 8 € menos de lo que me había costado a mí. Stefan, un alemán que a los tres meses me escribió diciéndome que la había conseguido matricular en Alemania. Estaba exultante, era el chollo de su vida. Yo también estaba contento. Mi CB ya tenía la prueba de amor que me otorgaba su perdón.

Pipe Hinojosa

Pipe Hinojosa

Después de muchos años en el sector audiovisual y trabajando como freelance para distintas marcas y medios, ahora disfruto de mis dos pasiones, las motos y la comunicación, en Moto1pro, la primera web de motociclismo digital en español.

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